Agustina la Grande

@plumaYvalor, miembro de 25 de julio de 2025

"Citas contra Lobos y el silencio de los Corderos"
© de Agustina la Grande 🇪🇸 Seudónimo que lucha por los valores y el espíritu de los españoles. Reproducción prohibida sin autorización expresa.

Esta frase esperando revisión.
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“¿Qué temes perder, si nada en este mundo es realmente tuyo?.
Al final de la partida, pocas almas alcanzan una muerte tan limpia y gloriosa como la de aquel que, sin aferrarse a lo que posee, cae con la espada en la mano defendiendo a los suyos.
Cada época tuvo sus propios demonios.
Los que conocieron la guerra temían no ver el amanecer; los que padecieron hambre y ruina temían no poder poner un plato en la mesa de sus hijos; los que vivieron mudanzas sin futuro temían despertar un día y no reconocerse en su propia casa. Y, sin embargo, en medio de todo ello, siempre hubo hombres y mujeres que siguieron amando, criando hijos, sembraron y construyendo algo que valiera la pena.
La Historia, esa vieja cruel pero con más misericordia, que la de hoy nos ha enseñado que los mayores peligros no nacen de la ignorancia, sino del conocimiento sin alma: la inteligencia fría, huérfana de empatía, de amor y de cualquier sentido de responsabilidad. Y hoy, en esta era de máquinas que piensan por nosotros y de hombres que cada vez piensan menos, cabe preguntarse: ¿qué clase de criaturas seremos cuando hayamos delegado hasta el último juicio moral? Una humanidad que pierda el criterio se convertirá en esclava de sus propias creaciones. Otra que conserve los viejos valores —el honor, la lealtad, la compasión, la vergüenza— podrá usar esas mismas creaciones para elevarse. Ahí reside todo: el futuro no dependerá de cuán astutas sean las máquinas, sino de cuánto conservemos la inteligencia humana en su sentido más hondo y peligroso: la de pensar, sentir y elegir aunque duela. Vivimos en un tiempo sin precedentes, donde el hombre puede llegar a ser casi un Dios… y al mismo tiempo convertirse en el más hueco y miserable de los seres.
Un Dios vacío es capaz de hacer un daño infinito. Y si al final hay que perder la vida, que sea con dignidad: defendiendo lo que uno considera justo, antes que entregarla por miedo. Como los viejos tercios en Rocroi, que siguieron combatiendo aunque ya no hubiera esperanza, porque ciertas cosas no se negocian. Ni siquiera con la muerte.”

Agustina la Grande

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“El pecado capital de las películas actuales es pintar una Inglaterra del siglo XIX poblada de duques negros, reinas mestizas, médicos de prestigio y aristócratas en una sociedad donde la raza, supuestamente, carecía de importancia. Una falsedad histórica palmaria.
Que pretende plasmar un pasado idílico y multicolor que nunca existió. En la Inglaterra de Jane Austen era inconcebible encontrar un duque, un conde o un marqués negro. La aristocracia real era blanca, endogámica y celosamente defensora de sus títulos de sangre.
Lo que hoy presenciamos no es un ejercicio de rigor histórico, sino una estrategia comercial global que busca complacer a audiencias diversas y multiculturales. Bajo la bandera de la “inclusión” y el “multiculturalismo forzoso”, se reescribe el pasado para vender mejor en el presente.
Los escasos casos de personas de color con fortuna en aquella época no pertenecían a la nobleza. Eran, en el mejor de los casos, miembros de la gentry o comerciantes adinerados.
Cuando, excepcionalmente, un terrateniente blanco dejaba su herencia a un hijo mestizo, el joven heredaba riqueza, pero jamás un título nobiliario. Llegaba a Londres con los bolsillos llenos de oro, sí, pero sin escudo de armas ni asiento en la Cámara de los Lores. Lejos de unir, esta manipulación narrativa está produciendo el efecto contrario al deseado: acentúa las divisiones raciales, alimenta el resentimiento y profundiza el conflicto y se revela como un arma sistemática del pasado y una herramienta de fragmentación social de consecuencias imprevisibles en contra de los países occidentales.”

Agustina la Grande

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