Agustina la Grande

@plumaYvalor, miembro de 25 de julio de 2025

"Citas contra Lobos y el silencio de los Corderos"
© de Agustina la Grande 🇪🇸 Seudónimo que lucha por los valores y el espíritu de los españoles. Reproducción prohibida sin autorización expresa. Las citas son, históricamente, faros y guías que han alumbrado el camino de la humanidad. Desde los filósofos estoicos de la antigua Roma hasta los pensadores de la antigüedad clásica, los grandes autores siempre han apoyado sus obras en las palabras de otros para demostrar que los problemas humanos —la ambición, el miedo, la traición, el control del poder— se repiten a lo largo de los siglos y que la sabiduría para afrontarlos es universal.

Esta frase esperando revisión.

“Soy facha porque defiendo que todo ser humano tiene el derecho natural a trabajar con dignidad y construir su propia vida, pues sin esfuerzo propio no hay verdadera libertad. Soy facha porque cada nación posee una identidad única, una historia y una bandera que la representa, y la mía merece el mismo respeto. Soy facha porque elijo el orden y la virtud antes que la degradación sin límites. Soy facha porque mi patria no necesita importar extranjeros, sino generar trabajo digno para sus propios hijos, especialmente para los más necesitados. Soy facha porque creo en Jesucristo y en Dios todopoderoso como camino y fundamento de toda moral y justicia. Soy facha porque el niño es el futuro encarnado: debe ser protegido, respetado y educado como el bien más precioso que una sociedad puede custodiar.

Soy facha porque la seguridad y la estabilidad de la familia son la base irrenunciable de una nación fuerte y perdurable. Soy facha porque respeto al hombre que me respeta y me considero la madre de todos los santos varones, uno me engendró, otro me hizo madre y otro me dará un nieto… Soy facha porque reconozco un orden natural: primero es Dios, después mi pueblo, y muy lejos los políticos y los intereses extranjeros. Soy facha porque aspiro a un futuro construido sobre orden, respeto y prosperidad real sin verse obligado a emigrar para buscar en tierra ajena lo que debería existir en la propia.

Soy facha porque creo en el amor verdadero, en la familia como núcleo de la sociedad y en la belleza elevada de la música clásica. Soy facha porque el respeto no se mendiga, se practica y se exige con firmeza. Soy facha porque la propiedad privada es el fruto legítimo del esfuerzo y sudor del hombre, y nadie tiene derecho moral a destruir las esperanzas ni el trabajo honesto de otro. Soy facha porque exijo una ley y una justicia limpia y firme con el delito y fiel a su juramento.

Soy facha porque quiero ver a mi nación segura, soberana y protegida de quienes buscan destruirla. Y soy facha porque respeto profundamente la historia de mi patria, forjada con el sacrificio de mis antepasados, y lucho por entregarla intacta y digna a los míos cuando llegue mi hora. Y si ser facha es malo, doy gracias a Dios por diferenciarme de todos los que quieren destruir lo que nos hace humanos.”

Agustina la Grande

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“¿Qué temes perder, si nada en este mundo es realmente tuyo?.
Al final de la partida, pocas almas alcanzan una muerte tan limpia y gloriosa como la de aquel que, sin aferrarse a lo que posee, cae con la espada en la mano defendiendo a los suyos.
Cada época tuvo sus propios demonios.
Los que conocieron la guerra temían no ver el amanecer; los que padecieron hambre y ruina temían no poder poner un plato en la mesa de sus hijos; los que vivieron mudanzas sin futuro temían despertar un día y no reconocerse en su propia casa. Y, sin embargo, en medio de todo ello, siempre hubo hombres y mujeres que siguieron amando, criando hijos, sembraron y construyendo algo que valiera la pena.
La Historia, esa vieja cruel pero con más misericordia, que la de hoy nos ha enseñado que los mayores peligros no nacen de la ignorancia, sino del conocimiento sin alma: la inteligencia fría, huérfana de empatía, de amor y de cualquier sentido de responsabilidad. Y hoy, en esta era de máquinas que piensan por nosotros y de hombres que cada vez piensan menos, cabe preguntarse: ¿qué clase de criaturas seremos cuando hayamos delegado hasta el último juicio moral? Una humanidad que pierda el criterio se convertirá en esclava de sus propias creaciones. Otra que conserve los viejos valores —el honor, la lealtad, la compasión, la vergüenza— podrá usar esas mismas creaciones para elevarse. Ahí reside todo: el futuro no dependerá de cuán astutas sean las máquinas, sino de cuánto conservemos la inteligencia humana en su sentido más hondo y peligroso: la de pensar, sentir y elegir aunque duela. Vivimos en un tiempo sin precedentes, donde el hombre puede llegar a ser casi un Dios… y al mismo tiempo convertirse en el más hueco y miserable de los seres.
Un Dios vacío es capaz de hacer un daño infinito. Y si al final hay que perder la vida, que sea con dignidad: defendiendo lo que uno considera justo, antes que entregarla por miedo. Como los viejos tercios en Rocroi, que siguieron combatiendo aunque ya no hubiera esperanza, porque ciertas cosas no se negocian. Ni siquiera con la muerte.”

Agustina la Grande

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