ricardo31

@ricardo31, miembro de 30 de septiembre de 2020
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“Hay experiencias de las que la mayoría de nosotros no se atreven a hablar, porque no se ajustan a la realidad cotidiana y desafían toda explicación racional. No se trata de particulares ocurrencias externas, sino más bien de acontecimientos de nuestra vida interior, que generalmente son descartados como invenciones de la imaginación y excluidos de nuestra memoria. De repente, el punto de vista familiar de nuestro entorno se transforma de una manera extraña, deliciosa, o alarmante: se nos aparece bajo una nueva luz, adquiere un significado especial. Esta experiencia puede ser tan ligera y fugaz como un soplo de aire, o puede que se grabe profundamente en nuestras mentes.
Un encantamiento de ese tipo, que yo experimenté en la infancia, se ha mantenido muy vivo en mi memoria desde entonces. Sucedió una mañana de mayo - se me ha olvidado el año - pero todavía puedo señalar el lugar exacto donde ocurrió, en una pista forestal en Martinsberg, junto a Baden, Suiza. Mientras caminaba por los bosques verdes, llenos de cantos de pájaros e iluminados por el sol de la mañana, todo a la vez se apareció bajo una luz extrañamente clara. ¿No sería algo que yo no hubiera sido capaz de percibir antes? ¿Estaba descubriendo de repente el bosque de primavera, tal como parecía en realidad? Brillaba con el resplandor más bello, hablando al corazón, como si quisiera acompañarme en su majestuosidad. Estaba lleno de una sensación indescriptible de alegría, unidad y maravillosa seguridad.
No tengo idea de cuánto tiempo me quedé allí fascinado. Pero recuerdo la preocupación que sentí cuando el resplandor se disolvió lentamente y yo caminaba: ¿cómo podía una visión que era tan real y convincente, tan directa y profundamente sentida - como podía terminar tan pronto? ¿Y cómo podría yo hablarle a nadie sobre esto, ya que mi alegría desbordante me obligaba a hacerlo, ya que sabía que no había palabras para describir lo que había visto? Parecía extraño que yo, como un niño, hubiera visto algo tan maravilloso, algo que los adultos, obviamente, no perciben - porque yo nunca había oído hablar de ello.
Cuando todavía era un niño, viví algunos otros de estos momentos de profunda euforia en mis paseos por bosques y prados. Fueron estas experiencias las que dieron forma a las líneas principales de mi visión del mundo y me convencieron de la existencia de una realidad milagrosa, impactante, insondable, que estaba oculto a la visión cotidiana.”

Albert Hofmann (1906–2008) químico suizo

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“Ése es el sentido de la vida, de la partida. No rendirse.
No rendirse jamás.”

Jordi Sierra i Fabra (1947) escritor y periodista

Campos de fresas

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“Durante toda mi vida, he tenido la impresión de que podía convertirme en una persona distinta. De que, yéndome a otro lugar y empezando una nueva vida, iba a convertirme en otro hombre. He repetido una vez tras otra la misma operación. Para mí representaba, en un sentido, madurar y, en otro sentido, reinventarme a mí mismo. De algún modo, convirtiéndome en otra persona quería liberarme de algo implícito en el yo que había sido hasta entonces. Lo buscaba de verdad, seriamente, y creía que, si me esforzaba, podría conseguirlo algún día. Pero, al final, eso no me conducía a ninguna parte. Por más lejos que fuera, seguía siendo yo. Por más que me alejara, mis carencias seguían siendo las mismas. Por más que el decorado cambiase, por más que el eco de la voz de la gente fuese distinto, yo seguía siendo el mismo ser incompleto. Dentro de mí se hallaban las mismas carencias fatales, y esas carencias me producían un hambre y una sed violentas. Esa hambre y esa sed me han torturado siempre, tal vez sigan torturándome a partir de ahora. En cierto sentido, esas carencias, en sí mismas, son lo que yo soy…”

Haruki Murakami (1949) escritor y traductor japonés

South of the Border, West of the Sun
Variante: Durante toda mi vida, he tenido la impresión de que podía convertirme en una persona distinta. De que, yéndome a otro lugar y empezando una nueva vida, iba a convertirme en otro hombre. He repetido una vez tras otra la misma operación. Para mí representaba, en un sentido, madurar y, en otro sentido, reinventarme a mí mismo. De algún modo, convirtiéndome en otra persona quería liberarme de algo implícito en el yo que había sido hasta entonces. Lo buscaba de verdad, seriamente, y creía que, si me esforzaba, podría conseguirlo algún día. Pero, al final, eso no me conducía a ninguna parte. Por más lejos que fuera, seguía siendo yo. Por más que me alejara, mis carencias seguían siendo las mismas. Por más que el decorado cambiase, por más que el eco de la voz de la gente fuese distinto, yo seguía siendo el mismo ser incompleto. Dentro de mí se hallaban las mismas carencias fatales, y esas carencias me producían un hambre y una sed violentas. Ese hambre y esa sed me han torturado siempre, tal vez sigan torturándome a partir de ahora. En cierto sentido, esas carencias, en sí mismas, son lo que yo soy.

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“Cuando se fundó el Estado de Israel, en 1948, todos mis amigos judíos estaban felices; yo fui el aguafiestas. Les advertí: —Estamos construyendo un gueto nosotros mismos. Estaremos rodeados por decenas de millones de musulmanes que nunca perdonarán, nunca olvidarán y nunca desaparecerán. Estaba en lo cierto, sobre todo cuando resultó que los árabes estaban asentados en la mayor parte de los abastecimientos petrolíferos del mundo. Así que las naciones del mundo, que necesitaban el petróleo, pensaron que era diplomático ser pro-árabe. (Si el tema de las reservas petrolíferas se hubiese conocido antes, estoy convencido de que Israel no se habría creado.) Pero ¿no merecemos los judíos una patria? En realidad, creo que a ningún grupo humano le conviene pertenecer a una “patria” en el sentido habitual de la palabra. La Tierra no debería estar dividida en cientos de secciones diferentes, cada una habitada por un solo segmento autodefinido de la humanidad que considera que su propio bienestar y su propia “seguridad nacional” están por encima de cualquier otra consideración. Soy partidario de la diversidad cultural y me gustaría que cada grupo identificable valorara su patrimonio cultural. Por ejemplo, soy un patriota de Nueva York y si viviera en Los Ángeles me encantaría reunirme con otros neoyorquinos expatriados y cantar Give My Regards to Broadway. No obstante, este tipo de sentimientos deben ser culturales y benignos. Estoy en contra de ello si cada grupo desprecia a los demás y aspira a destruirlos. Estoy en contra de dar armas a cada pequeño grupo autodefinido con las que reforzar su propio orgullo y sus prejuicios. La Tierra se enfrenta en la actualidad a problemas medioambientales que amenazan con la inminente destrucción de la civilización y con el final del planeta como un lugar habitable. La humanidad no se pude permitir desperdiciar sus recursos financieros y emocionales en peleas interminables y sin sentido entre los diversos grupos. Debe haber un sentido de lo global en el que todo el mundo se una para resolver los problemas reales a los que nos enfrentamos todos. ¿Se puede hacer esto? La pregunta equivale a: ¿puede sobrevivir la humanidad? Por tanto, no soy sionista porque no creo en las naciones y porque los sionistas lo único que hacen es crear una nación más para dar lugar a más conflictos. Crean su nación para tener “derechos”, “exigencias” y “seguridad nacional” y para sentir que deben protegerla de sus vecinos. ¡No hay naciones! Sólo existe la humanidad. Y si no llegamos a entender esto pronto, las naciones desaparecerán, porque no existirá la humanidad.”

Isaac Asimov (1920–1992) escritor estadounidense

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Esta traducción está esperando su revisión. ¿Es correcto?
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“(…) Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara.”

Jorge Luis Borges El Hacedor

El hacedor
Variante: Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara.

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“El hombre olvida que es un muerto que conversa con muertos.”

Jorge Luis Borges (1899–1986) escritor argentino

The Book of Sand and Shakespeare's Memory

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“Es una vergüenza que los narradores se nieguen a explorar el videojuego por encontrarlo plebeyo. Es un purismo de academia detestable.”

Guillermo del Toro (1964) director, guionista y novelista mexicano

Fuente: Blogdecine.com http://www.blogdecine.com/frases-citas/frases-de-cine-11-de-junio-sobre-los-videojuegos-la-familia-la-violencia-y-bad-night (11/06/09)

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“La amistad es un amor que no se comunica por los sentidos.”

Ramón de Campoamor (1817–1901) autor español

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