“Creo que la vida del hombre está marcada por tres edades: la primera es la edad del impulso, en la que todo lo que nos mueve y nos importa no necesita justificación, antes bien nos sentimos atraídos hacia todo aquello -una mujer, una profesión, un lugar donde vivir- gracias a una intuición impulsiva que nunca compara; todo es tan obvio que vale por sí mismo y lo único que cuenta es la capacidad para alcanzarlo. En la segunda edad aquello que elegimos en la primera, normalmente se ha gastado, ya no vale por sí mismo y necesita una justificación que el hombre razonable concede gustoso, con ayuda de su razón, claro está; es la madurez, es el momento en que, para salir airoso de las comparaciones y de las contradictorias posibilidades que le ofrece todo lo que contempla, el hombre lleva a cabo ese esfuerzo intelectual gracias al cual una trayectoria elegida por el instinto es justificada a posteriori por la reflexión. En la tercera edad no sólo se han gastado e invalidado los móviles que eligió en la primera sino también las razones con que se apuntaló su conducta en la segunda. Es la enajenación, el repudio de todo lo que ha sido su vida para la cual ya no encuentra motivación ni disculpa. Para poder vivir tranquilo hay que negarse a entrar en esa tercera etapa; por muy forzado que parezca, debe hacer un esfuerzo con su voluntad para permanecer en la segunda; porque otra cosa es la deriva.”Juan Benet
“El ámbito iluminado por la ciencia está rodeado de un espacio en tinieblas tan extenso, que ha de parecer ridícula la pretensión de limitar la existencia al hábitat del conocimiento.”Juan Benet
“Sí, el qué. No hay qué que valga. Yo ya no tengo qués. Estoy seguro de que en el fondo lo único que hago es estar solo todo el día. Y no quiero hacer otra cosa porque si lo hago será que quiero algo. Y yo ya no tengo qués. Porque lo peor de la soledad es que suprime todo deseo, incluso el de la compañía. Lo aplasta todo; es una losa que no hay goce que la levante, ni por un instante te deja. Y no sólo te aplasta sino que abrevia. En la soledad, no hay tiempo para nada. Es demasiado fiel la soledad, demasiado posesiva y tan pérfida que tampoco te permite disfrutar de ella, una cosa que reserva a quienes la visitan de tanto en tanto pero no a quienes conviven a todas horas con ella. ¿Qué más quisiera yo que amar la soledad?”Juan Benet libro El aire de un crimenEl aire de un crimen