Frases de Isabel Allende

Isabel Allende Foto
481   281

Isabel Allende

Fecha de nacimiento: 2. Agosto 1942
Otros nombres: ایزابل آلنده, ایزابل آلنداٛ

Isabel Allende Llona es una escritora chilena, miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras desde 2004. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura de su país en 2010.

Autora de superventas, la venta total de sus libros alcanza 65 millones de ejemplares y sus obras han sido traducidas a 35 idiomas. Es considerada la escritora viva de lengua española más leída del mundo.

Photo: Mutari, Own work / Public domain

Obras

Paula
Paula
Isabel Allende
Hija de la fortuna
Isabel Allende
La suma de los días
La suma de los días
Isabel Allende
Retrato en sepia
Retrato en sepia
Isabel Allende
El amante japonés
El amante japonés
Isabel Allende
Cuentos de Eva Luna
Cuentos de Eva Luna
Isabel Allende
El cuaderno de Maya
El cuaderno de Maya
Isabel Allende
Inés del alma mía
Inés del alma mía
Isabel Allende
Mi país inventado
Mi país inventado
Isabel Allende
Eva Luna
Isabel Allende
El plan infinito
El plan infinito
Isabel Allende
La isla bajo el mar
La isla bajo el mar
Isabel Allende
El juego de Ripper
El juego de Ripper
Isabel Allende

„Recorría sin descanso la inmensidad del sur con su pequeño ejército, adentrándose en los bosques húmedos y sombríos, bajo la alta cúpula verde tejida por los árboles más nobles y coronada por la soberbia araucaria, que se perfilaba contra el cielo con su dura geometría. Las patas de los caballos pisaban un colchón fragante de humus, mientras los jinetes se abrían camino con las espadas en la espesura, a ratos impenetrable, de los helechos. Cruzaban arroyos de aguas frías, donde los pájaros solían quedar congelados en las orillas, las mismas aguas donde las madres mapuche sumergían a los recién nacidos. Los lagos eran prístinos espejos del azul intenso del cielo, tan quietos, podían contarse las piedrecillas en el fondo. Las arañas tejían sus encajes, perlados de rocío, entre las ramas de robles, arrayanes y avellanos. Las aves del bosque cantaban reunidas, diuca, chincol, jilguero, torcaza, tordo, zorzal, y hasta el pájaro carpintero, marcando el ritmo con su infatigable tac-tac-tac. Al paso de los caballeros se levantaban nubes de mariposas y los venados, curiosos, se acercaban a saludar. La luz se filtraba entre las hojas y dibujaba sombras en el paisaje; la niebla subía del suelo tibio y envolvía el mundo en un hálito de misterio. Lluvia y más lluvia, ríos, lagos, cascadas de aguas blancas y espumosas, un universo líquido. Y al fondo, siempre, las montañas nevadas, los volcanes humeantes, las nubes viajeras. En otoño el paisaje era de oro y sangre, enjoyado, magnífico. A Pedro de Valdivia se le escapaba el alma y se le quedaba enredada entre los esbeltos troncos vestidos de musgo, fino terciopelo. El Jardín del Edén, la tierra prometida, el paraíso. Mudo, mojado de lágrimas, el conquistador conquistado iba descubriendo el lugar donde acaba la tierra, Chile.“

—  Isabel Allende, libro Inés del alma mía

Inés del alma mía

„Blanca, en cambio, se había acostumbrado a vivir sola. Terminó por encontrar paz
en sus quehaceres de la gran casa, en su taller de cerámica y en sus Nacimientos de
animales inventados, donde lo único que correspondía a las leyes de la biología era la
Sagrada Familia perdida en una multitud de monstruos. El único hombre de su vida era
Pedro Tercero, pues tenía vocación para un solo amor. La fuerza de ese
inconmovible sentimiento la salvó de la mediocridad y de la tristeza de su destino.
Permanecía fiel aun en los momentos en que él se perdía detrás de algunas ninfas de
pelo lacio y huesos largos, sin amarlo menos por ello. Al principio creía morir cada vez
que se alejaba, pero pronto se dio cuenta de que sus ausencias duraban lo que un
suspiro y que invariablemente regresaba más enamorado y más dulce. Blanca prefería
esos encuentros furtivos con su amante en hoteles de cita, a la rutina de una vida en
común, al cansancio de un matrimonio y a la pesadumbre de envejecer juntos
compartiendo las penurias de fin de mes, el mal olor en la boca al despertar, el tedio
de los domingos y los achaques de la edad. Era una romántica incurable. Alguna vez
tuvo la tentación de tomar su maleta de payaso y lo que quedaba de las joyas del
calcetín, e irse con su hija a vivir con él, pero siempre se acobardaba. Tal vez temía
que ese grandioso amor, que había resistido tantas pruebas, no pudiera sobrevivir a la
más terrible de todas: la convivencia. Alba estaba creciendo muy rápido y comprendía
que no le iba a durar mucho el buen pretexto de velar por su hija para postergar las
exigencias de su amante, pero prefería siempre dejar la decisión para más adelante.
En realidad, tanto como temía la rutina, la horrorizaba el estilo de vida de Pedro
Tercero, su modesta casita de tablas y calaminas en una población obrera, entre
cientos de otras tan pobres como la suya, con piso de tierra apisonada, sin agua y con
un solo bombillo colgando del techo. Por ella, él salió de la población y se mudó a un
departamento en el centro, ascendiendo así, sin proponérselo, a una clase media a la
cual nunca tuvo aspiración de pertenecer. Pero tampoco eso fue suficiente para Blanca.
El departamento le pareció sórdido, oscuro, estrecho y el edificio promiscuo. Decía que
no podía permitir que Alba creciera allí, jugando con otros niños en la calle y en las
escaleras, educándose en una escuela pública. Así se le pasó la juventud y entró en la
madurez, resignada a que los únicos momentos de placer eran cuando salía
disimuladamente con su mejor ropa, su perfume y las enaguas de mujerzuela que a
Pedro Tercero cautivaban y que ella escondía, arrebolada de vergüenza, en lo más
secreto de su ropero, pensando en las explicaciones que tendría que dar si alguien las
descubría. Esa mujer práctica y terrenal para todos los aspectos de la existencia,
sublimó su pasión de infancia, viviéndola trágicamente. La alimentó de fantasías, la idealizó, la defendió con fiereza, la depuró de las verdades prosaicas y pudo convertirla
en un amor de novela.“

—  Isabel Allende, libro La casa de los espíritus

The House of the Spirits

„Hijo mío, la Santa Madre Iglesia está a la derecha, pero Jesucristo siempre estuvo a la izquierda—le decía“

—  Isabel Allende, libro La casa de los espíritus

La casa de los espíritus
Variante: Hijo mío, la Santa Madre Iglesia está a la derecha, pero Jesucristo siempre estuvo a la izquierda

Autores similares

Gabriela Mistral Foto
Gabriela Mistral23
poeta, diplomática, feminista y pedagoga chilena, lucila ...
Alberto Hurtado Foto
Alberto Hurtado28
santo jesuita chileno
Alejandro Jodorowsky Foto
Alejandro Jodorowsky96
escritor y director de cine chileno-francés, de ascendenc...
Augusto Pinochet Foto
Augusto Pinochet74
militar y dictador chileno
Pablo Neruda Foto
Pablo Neruda198
poeta
Salvador Allende Foto
Salvador Allende50
médico y político de Chile, presidente de la República en...
António Lobo Antunes Foto
António Lobo Antunes14
escritor portugués
Cesare Pavese Foto
Cesare Pavese14
escritor italiano
Jorge Amado Foto
Jorge Amado11
escritor brasileño
Sigrid Undset Foto
Sigrid Undset3
escritora noruega
Aniversarios de hoy
Mario Benedetti Foto
Mario Benedetti387
escritor uruguayo 1920 - 2009
Jerónimo Usera Foto
Jerónimo Usera85
misionero español 1810 - 1891
Charles Maurice de Talleyrand Foto
Charles Maurice de Talleyrand24
diplomático francés 1754 - 1838
Luca Prodan Foto
Luca Prodan47
músico italiano 1953 - 1987
Otros 60 aniversarios hoy
Autores similares
Gabriela Mistral Foto
Gabriela Mistral23
poeta, diplomática, feminista y pedagoga chilena, lucila ...
Alberto Hurtado Foto
Alberto Hurtado28
santo jesuita chileno
Alejandro Jodorowsky Foto
Alejandro Jodorowsky96
escritor y director de cine chileno-francés, de ascendenc...
Augusto Pinochet Foto
Augusto Pinochet74
militar y dictador chileno
Pablo Neruda Foto
Pablo Neruda198
poeta