Frases de muerte

Una colección de frases y citas sobre el tema del vida, tristeza, dolor, enfermedades.

Mejores frases de muerte

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„Con mi muerte la gente comprenderá de lo que estaba hablando.“

—  Tupac Shakur músico estadounidense 1971 - 1996

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„Feliz 53. o cumpleaños, doctor. Bienvenido al primer día de su muerte.“

—  John Katzenbach escritor estadounidense 1950

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„La vida de los muertos está en la memoria de los vivos.“
Vita enim mortuorum in memoria vivorum est posita.

—  Cicerón, Philippicae

Fuente: Filípicas, 9:5.

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„La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida.“

—  José Martí escritor y político cubano, precursor de la independencia de su país 1853 - 1895

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Variante: La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida.

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„El misterio del amor es mayor que el misterio de la muerte.“

—  Oscar Wilde escritor irlandés 1854 - 1900

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„Una vez que me etiquetas, me niegas.“

—  Søren Kierkegaard prolífico filósofo y teólogo danés del siglo XIX 1813 - 1855

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Un total de 2414 citas de muerte, filtro:

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„Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y se ha volado
y mi corazón está loco
porque aúlla a la muerte
y sonríe detrás del viento
a mis delirios

Qué haré con el miedo
Qué haré con el miedo

Ya no baila la luz en mi sonrisa
ni las estaciones queman palomas en mis ideas
Mis manos se han desnudado
y se han ido donde la muerte
enseña a vivir a los muertos

Señor
El aire me castiga el ser
Detrás del aire hay monstruos
que beben de mi sangre

Es el desastre
Es la hora del vacío no vacío
Es el instante de poner cerrojo a los labios
oír a los condenados gritar
contemplar a cada uno de mis nombres
ahorcados en la nada.

Señor
Tengo veinte años
También mis ojos tienen veinte años
y sin embargo no dicen nada

Señor
He consumado mi vida en un instante
La última inocencia estalló
Ahora es nunca o jamás
o simplemente fue

¿Cómo no me suicido frente a un espejo
y desaparezco para reaparecer en el mar
donde un gran barco me esperaría
con las luces encendidas?

¿Cómo no me extraigo las venas
y hago con ellas una escala
para huir al otro lado de la noche?

El principio ha dado a luz el final
Todo continuará igual
Las sonrisas gastadas
El interés interesado
Las preguntas de piedra en piedra
Las gesticulaciones que remedan amor
Todo continuará igual

Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo
porque aún no les enseñaron
que ya es demasiado tarde

Señor
Arroja los féretros de mi sangre

Recuerdo mi niñez
cuando yo era una anciana
Las flores morían en mis manos
porque la danza salvaje de la alegría
les destruía el corazón

Recuerdo las negras mañanas de sol
cuando era niña
es decir ayer
es decir hace siglos

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y ha devorado mis esperanzas

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
Qué haré con el miedo“

—  Alejandra Pizarnik poeta argentina 1936 - 1972

Poesía completa

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„Españoles: Al llegar para mí la hora de rendir la vida ante el Altísimo y comparecer ante su inapelable juicio pido a Dios que me acoja benigno a su presencia, pues quise vivir y morir como católico. En el nombre de Cristo me honro, y ha sido mi voluntad constante ser hijo fiel de la Iglesia, en cuyo seno voy a morir. Pido perdón a todos, como de todo corazón perdono a cuantos se declararon mis enemigos, sin que yo los tuviera como tales. Creo y deseo no haber tenido otros que aquellos que lo fueron de España, a la que amo hasta el último momento y a la que prometí servir hasta el último aliento de mi vida, que ya sé próximo. Quiero agradecer a cuantos han colaborado con entusiasmo, entrega y abnegación, en la gran empresa de hacer una España unida, grande y libre. Por el amor que siento por nuestra patria os pido que perseveréis en la unidad y en la paz y que rodeéis al futuro Rey de España, don Juan Carlos de Borbón, del mismo afecto y lealtad que a mí me habéis brindado y le prestéis, en todo momento, el mismo apoyo de colaboración que de vosotros he tenido. No olvidéis que los enemigos de España y de la civilización cristiana están alerta. Velad también vosotros y para ello deponed frente a los supremos intereses de la patria y del pueblo español toda mira personal. No cejéis en alcanzar la justicia social y la cultura para todos los hombres de España y haced de ello vuestro primordial objetivo. Mantened la unidad de las tierras de España, exaltando la rica multiplicidad de sus regiones como fuente de la fortaleza de la unidad de la patria. Quisiera, en mi último momento, unir los nombres de Dios y de España y abrazaros a todos para gritar juntos, por última vez, en los umbrales de mi muerte, ¡¡ARRIBA ESPAÑA!! ¡¡VIVA ESPAÑA!!“

—  Francisco Franco general y dictador español 1892 - 1975

Último mensaje de Franco a los Españoles.

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„«No he merecido la muerte porque no he cometido más falta que dar libertad a Costa Rica y procurar la paz de a la república».“

—  Francisco Morazán general y político hondureño 1792 - 1842

Centroamérica
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„Mátenme al alba. Con cuchillos [ilegible] y con cuchillas oxidadas. Estaré en cuclillas esperando. Salva tu amor. No lo salves. Desafección y mierda violenta que aprendió a expresarse en nuestros días mediante fórmulas atroces como «hacer el amor» y «asumir la responsabilidad» y «negar el pasado» y «el hombre es lo que se hace». No hay más que la memoria, maravilla sin igual, horror sin semejanza. Hace mucho que me entregué a las sombras. Y no me contenta mi destino sombrío, mi destino asombrado. Me han asolado, me han agostado. Libérame de ti pues te amo y no estás. No me hables. No te apostes en mis rincones preferidos. Estás aquí. Me deliras. Me cortas las cintas de colores que me aliaban a las niñas que fui. Me abandonas loca furiosa, comiendo sombras furiosamente, girando convulsa con las manos espantadas, revolcándome en tu huida hasta los atroces orgasmos y gritos de bestia asesinada. Pero te amo. A ti te asumo, ante ti sin pasado ni relojes ni sonidos. Sucia y susurrante, leve, ingrávida, llena de sangre y de sustancias sexuales, húmeda, mojada, reventando de calor, de sangre que pide. Me dañas la columna vertebral, tantos días despeñada sobre tu cuerpo imaginado. Me dañas la cabeza que di contra las paredes porque no sabía qué hacer salvo esto: que debía golpearme y castigarme ya que tú no venías. Con tu sonrisa de paraíso exactamente situado en el tiempo y en el espacio. Con tus ojos que sonríen antes que tus labios. En tus ojos encuentro mi persona súbitamente reconstruida. En tus ojos se acumulan mis fragmentos que se unen apenas me miras. En tus ojos vivo una vida de aire puro, de respiración fiel. En tus ojos no necesito del conocimiento, no necesito del lenguaje. En tus ojos me siento y sonrío y hay una niña azul en el jardín de un castillo. Ahora que no estás me atrae la caída, la mierda, lo abyecto, lo denigrante. Salgo a la calle y siento la suciedad, la ruina. Entro en los bares más siniestros y tomo un vino como sangre coagulada, como menstruación, y me rodean brujas negras, perros sarnosos, viejos mutilados y jóvenes putos de ambos sexos. Yo bebo y me miro en el espejo lleno de mierda de moscas. Después no me veo más. Después hablo en no sé cuál idioma. Hablo con estos desechos que no me echan, ellos me aceptan, me incorporan, me reconocen. Recito poemas. Discuto cuestiones inverosímiles. Acaricio a los perros y me chupo las manos. Sonrío a los mutilados. Me dejo tocar, palpar, manos en mi cuerpo adolescente que tanto te gustaba por ser ceñido y firme y suave. («La lisura de tu vientre, tus caderas de efebo solar, tu cintura hecha a la medida de mis manos cerrándose, tus pechos de niña salvaje que los deja desnudos aun cuando llueve, tu sexo y tus gritos rítmicos, que deshacían la ciudad y me llevaban a una selva musical en donde todo confabulaba para que los cuerpos se reconozcan y se amen con sonidos de leves tambores incesantes. Esas noches en que hacíamos el amor debajo de las grandes palabras que perdían su sentido, porque no había más que nuestros cuerpos rítmicos y esenciales… Y ahora llueve y tengo náuseas y vomito casi todo el día y siempre que hay un olor espantoso en la calle, un olor a paquete olvidado, a muerto olvidado. Y tengo miedo. Eso quería decir: que no estás y tengo miedo.»)“

—  Alejandra Pizarnik poeta argentina 1936 - 1972

Diarios: edición definitiva

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„Mira a todos a tu alrededor y ve lo que hemos hecho de nosotros y de eso considerado como victoria nuestra de cada día. No hemos amado por encima de todas las cosas. No hemos aceptado lo que no se entiende porque no queremos pasar por tontos. Hemos amontonado cosas y seguridades por no tenernos el uno al otro. No tenemos ninguna alegría que no haya sido catalogada. Hemos construido catedrales y nos hemos quedado del lado de afuera, pues las catedrales que nosotros mismos construimos tememos que sean trampas. No nos hemos entregado a nosotros mismos, pues eso sería el comienzo de una vida larga y la tememos. Hemos evitado caer de rodillas delante del primero de nosotros que por amor diga: tienes miedo. Hemos organizado asociaciones y clubs sonrientes donde se sirve con o sin soda. Hemos tratado de salvarnos, pero sin usar la palabra salvación para no avergonzarnos de ser inocentes. No hemos usado la palabra amor para no tener que reconocer su contextura de odio, de amor, de celos y de tantos otros opuestos. Hemos mantenido en secreto nuestra muerte para hacer posible nuestra vida. Muchos de nosotros hacen arte por no saber cómo es la otra cosa. Hemos disfrazado con falso amor nuestra indiferencia, sabiendo que nuestra indiferencia es angustia disfrazada. Hemos disfrazado con el pequeño miedo el gran miedo mayor y por eso nunca hablamos de lo que realmente importa. Hablar de lo que realmente importa es considerado una indiscreción. No hemos adorado por tener la sensata mezquindad de acordarnos a tiempo de los falsos dioses. No hemos sido puros e ingenuos para no reírnos de nosotros mismos y para que al fin del día podamos decir «al menos no fui tonto» y así no quedarnos perplejos antes de apagar la luz. Hemos sonreído en público de lo que no sonreiríamos cuando nos quedásemos solos. Hemos llamado debilidad a nuestro candor. Nos hemos temido uno al otro, por encima de todo. Y todo eso lo consideramos victoria nuestra de cada día.“

—  Clarice Lispector escritora ucraniana-brasileña 1920 - 1977

Aprendizaje o El libro de los placeres

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„Mi mamá solía decirme que si no podía encontrar algo por qué vivir mejor encontrará algo por qué morir.“

—  Tupac Shakur músico estadounidense 1971 - 1996

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„Porque el dolor y la muerte no son terribles, sino el miedo al dolor o a la muerte.“

—  Epicteto filósofo estoico griego 50 - 138

Fuente: "Discursos", Libro II, capítulo I. http://classics.mit.edu/Epictetus/discourses.2.two.html

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„Si llamáramos a las tumbas y preguntáramos a los muertos si les gustaría levantarse otra vez, nos dirían que no.“

—  Arthur Schopenhauer filósofo alemán 1788 - 1860

L'arte di essere felici. Esposta in 50 massime

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„¡Colombianos! Mis últimos votos son por la felicidad de la patria. Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la Unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro.“

—  Simón Bolívar militar y político venezolano 1783 - 1830

Fuente: Párrafo final de su última proclama del 10 de diciembre de 1830.

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„La muerte sirve para hacernos pensar, pero no sobre la muerte sino sobre la vida.“

—  Fernando Savater filósofo español 1947

Las preguntas de la vida

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„Hay delitos económicos que son más graves que los homicidios porque son más conscientes y son la causa no de una, sino de muchas muertes y de la corrupción.“

—  Alberto Hurtado santo jesuita chileno 1901 - 1952

Fuente: PadreHurtado.com http://www.padrehurtado.com/02frases/03.htm.

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„El rey debe morir para que el país pueda vivir.“

—  Maximilien Robespierre abogado, escritor, filósofo, orador ,político frances 1758 - 1794

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„Quiero que algo de mí perdure después de la muerte.“

—  Anne Frank víctima del Holocausto y autora de un diario 1929 - 1945

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„El que no ama ya está muerto.“

—  Juan de la Cruz poeta místico y religioso carmelita descalzo del Renacimiento español 1542 - 1591

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„La muerte hace ángeles de todos nosotros y nos da alas donde antes teníamos sólo hombros… suaves como garras de cuervo.“

—  Jim Morrison cantante, compositor y poeta estadounidense 1943 - 1971

Fuente: Romero, Sara. «15 frases célebres de Jim Morrison.» Muy interesante. https://www.muyinteresante.es/cultura/arte-cultura/articulo/15-frases-celebres-de-jim-morrison-191417783307 Consultado el 16 de octubre de 2018.

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„Aquel que tú crees que ha muerto, no ha hecho más que adelantarse en el camino.“

—  Lucio Anneo Seneca filósofo, político, orador y escritor romano -4 - 65 a.C.

Fuente: [Vigil], Mercedes. El alquimista de la Rambla Wilson: la historia de Humberto Pittamiglio. Edición ilustrada. Editorial Fin de Siglo, 2001, p. 145.

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„Los cuervos devoran a los muertos y los aduladores a los vivos.“

—  Antístenes filósofo griego -444 - -365 a.C.

Fuente: Palomo Triguero, Eduardo. Cita-logía. Editorial Punto Rojo Libros,S.L. ISBN 978-84-16068-10-4. p. 24.

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„Uno nunca termina de leer, aunque los libros se acaben, de la misma manera que uno nunca termina de vivir, aunque la muerte sea un hecho cierto.“

—  Roberto Bolaño, libro Putas asesinas

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Variante: Uno no termina de leer, aunque los libros se acaben, de la misma manera que uno no termina de vivir, aunque la muerte sea un hecho cierto.

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„Vida antes que muerte.
Fuerza antes que debilidad.
Viaje antes que destino.“

—  Brandon Sanderson, libro El camino de los reyes

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Variante: Vida antes que muerte.
Fuerza antes que debilidad.
Viaje antes que destino.

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„Quizá la mayor facultad que posee nuestra mente sea la capacidad de sobrellevar el dolor. El pensamiento clásico nos enseña las cuatro puertas de la mente, por las que cada uno pasa según sus necesidades.
La primera puerta es la puerta del sueño. El sueño nos ofrece un refugio del mundo y de todo su dolor. El sueño marca el paso del tiempo y nos proporciona distancia de las cosas que nos han hecho daño. Cuando una persona resulta herida, suele perder el conocimiento. Y cuando alguien recibe una noticia traumática, suele desvanecerse o desmayarse. Así es como la mente se protege del dolor: pasando por la primera puerta.
La segunda es la puerta del olvido. Algunas heridas son demasiado profundas para curarse, o para curarse deprisa. Además, muchos recuerdos son dolorosos, y no hay curación posible. El dicho de que <> es falso. El tiempo cura la mayoría de las heridas. El resto están escondidas detrás de esa puerta.
La tercera es la puerta de la locura. A veces, la mente recibe un golpe tan brutal que se esconde en la demencia. Puede parecer que eso no sea beneficioso, pero lo es. A veces, la realidad es solo dolor, y para huir de ese dolor, la mente tiene que abandonar la realidad.
La última puerta es la de la muerte. El último recurso. Después de morir, nada puede hacernos daño, o eso nos han enseñado.“

—  Patrick Rothfuss, libro El nombre del viento

The Name of the Wind
Variante: Quizá la mayor facultad que posee nuestra mente sea la capacidad de sobrellevar el dolor. El pensamiento clásico nos enseña las cuatro puertas de la mente, por las que cada uno pasa según sus necesidades.
La primera es la puerta del sueño. El sueño nos ofrece un refugio del mundo y de todo su dolor. El sueño marca el paso del tiempo y nos proporciona distancia de las cosas que nos han hecho daño. Cuando una persona resulta herida, suele perder el conocimiento. Y cuando alguien recibe una noticia traumática, suele desvanecerse o desmayarse. Así es como la mente se protege del dolor: pasando por la primera puerta.
La segunda es la puerta del olvido. Algunas heridas son demasiado profundas para curarse, o para curarse deprisa. Además, muchos recuerdos son dolorosos, y no hay curación posible. El dicho de que «el tiempo todo lo cura» es falso. El tiempo cura la mayoría de las heridas. El resto están escondidas detrás de esa puerta.
La tercera es la puerta de la locura. A veces, la mente recibe un golpe tan brutal que se esconde en la demencia. Puede parecer que eso no sea beneficioso, pero lo es. A veces, la realidad es solo dolor, y para huir de ese dolor, la mente tiene que abandonar la realidad.
La última puerta es la de la muerte. El último recurso. Después de morir, nada puede hacernos daño, o eso nos han enseñado.

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„El día que deje de aprender estaré muerta“

—  Ruth Baza Escritora y periodista española 1972

Fuente: Entrevista publicada en El Confidencial el 27 de mayo de 2020. https://www.vanitatis.elconfidencial.com/famosos/2020-05-27/alessandro-alex-lequio-biografia-ruth-baza_2611055/

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„Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando.“

—  Rabindranath Tagore poeta bengalí 1861 - 1941

Variante: Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando".

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„Si la muerte fuera un bien, los dioses no serían inmortales.“

—  Safo poetisa griega. -630 - -570 a.C.

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„No temas morir. La muerte no es más que una parada.“

—  Pitágoras filósofo y matemático griego -585 - -495 a.C.

Fuente: [Señor] (1997), p. 387.

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„Mi único miedo de la muerte es volver reencarnado.“

—  Tupac Shakur músico estadounidense 1971 - 1996

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„No hay justicia en la muerte.“

—  Rick Riordan, libro El hijo de Neptuno

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„El hombre olvida que es un muerto que conversa con muertos.“

—  Jorge Luis Borges escritor argentino 1899 - 1986

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„Una civilización que niega a la muerte, acaba por negar a la vida.“

—  Octavio Paz poeta, escritor, ensayista y diplomático mexicano 1914 - 1998

El laberinto de la soledad / Postdata / Vuelta a El laberinto de la soledad

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„Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.“

—  Julio Cortázar, libro Rayuela

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„La muerte no existe, la gente sólo muere cuando la olvidan; si puedes recordarme, siempre estaré contigo.“

—  Isabel Allende escritora chilena 1942

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Libro "Eva Luna".

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„Incierto es el lugar en donde la muerte te espera; espérala, pues, en todo lugar.“

—  Lucio Anneo Seneca filósofo, político, orador y escritor romano -4 - 65 a.C.

Fuente: [Palomo Triguero] (2013), p. 202.

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„No le dijo a nadie que se iba, no se despidió de nadie, con el hermetismo férreo con que sólo le reveló a la madre el secreto de su pasión reprimida, pero a la víspera del viaje cometió a conciencia una locura última del corazón que bien pudo costarle la vida. Se puso a la medianoche su traje de domingo, y tocó a solas bajo el balcón de Fermina Daza el valse de amor que había compuesto para ella, que sólo ellos dos conocían y que fue durante tres años el emblema de su complicidad contrariada. Lo tocó murmurando la letra, con el violín bañado en lágrimas, y con una inspiración tan intensa que a los primeros compases empezaron a ladrar los perros de la calle, y luego los de la ciudad, pero después se fueron callando poco a poco por el hechizo de la música, y el valse terminó con un silencio sobrenatural. El balcón no se abrió, ni nadie se asomó a la calle, ni siquiera el sereno que casi siempre acudía con su candil tratando de medrar con las migajas de las serenatas. El acto fue un conjuro de alivio para Florentino Ariza, pues cuando guardó el violín en el estuche y se alejó por las calles muertas sin mirar hacia atrás, no sentía ya que se iba la mañana siguiente, sino que se había ido desde hacía muchos años con la disposición irrevocable de no volver jamás..“

—  Gabriel García Márquez, libro El amor en los tiempos del cólera

El amor en los tiempos del cólera (1985)

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