Frases de hambre

Una colección de frases y citas sobre el tema del mundo, salud, comida, riqueza.

Mejores frases de hambre

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„Mato de hambre al amor, para que devore lo que encuentre.“

—  Octavio Paz poeta, escritor, ensayista y diplomático mexicano 1914 - 1998

¿Águila o Sol?

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„Las Iglesias prefieren la guerra, la peste y el hambre a la contracepción.“

—  Bertrand Russell filósofo, matemático, lógico y escritor británico 1872 - 1970

Why I Am Not a Christian and Other Essays on Religion and Related Subjects

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„El que vive de esperanzas corre el riesgo de morirse de hambre.“

—  Benjamin Franklin político, científico e inventor estadounidense 1706 - 1790

Fuente: [Palomo Triguero] (2013), p. 120.

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„El amor nunca muere de hambre; con frecuencia de indigestión.“

—  Ninon De Lenclos 1620 - 1705

Fuente: [Ortega Blake] (2013), p. 260.

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„El dinero envenena cuando se tiene y mata de hambre cuando se carece de él.“

—  Máximo Gorki, libro La madre

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La madre (1907)

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„No hay amor más sincero que el que sentimos hacia la comida.“

—  George Bernard Shaw escritor irlandés, ganador del Premio Nobel de literatura en 1925 y del Óscar en 1938 1856 - 1950

Atribuidas

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Un total de 303 citas de hambre, filtro:

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„Siguiendo el ejemplo de Francia, se podría restringir artificialmente la natalidad y de este modo evitar una superpoblación. La Naturaleza misma suele oponerse al aumento de población en determinados países o en ciertas razas, y esto en épocas de hambre o por condiciones climáticas desfavorables, así como tratándose de la escasa fertilidad del suelo. Por cierto que la Naturaleza obra aquí sabiamente y sin contemplaciones; no anula propiamente la capacidad de procreación, pero sí se opone ala conservación de la prole al someter a ésta a rigurosas pruebas y privaciones tan arduas, que todo el que no es fuerte y sano vuelve al seno de lo desconocido. El que entonces sobrevive, a pesar de los rigores de la lucha por la existencia, resulta mil veces experimentado, fuerte y apto para seguir generando, de tal suerte que el proceso de la selección puede empezar de nuevo. Actuando de ese modo brutal contra el individuo y llamándolo de nuevo momentáneamente a desaparecer, por no ser capaz de resistir la tempestad de la vida, la Naturaleza mantiene la Raza, la propia especie vigorosa y la hace capaz de las mayores realizaciones. La disminución del número implica así la vigorización del individuo y con ello, finalmente, la consolidación de la Raza. Otra cosa es que el hombre, por sí mismo, se empeñe en restringir su descendencia. Aquí es preciso considerar no sólo el factor natural, sino también el humano. El hombre cree saber más que esa cruel Reina de toda la sabiduría, la Naturaleza. Él no limita la conservación del individuo, sino la propia reproducción. Eso le parece a él (que siempre se ve a sí mismo y nunca a la Raza) más humano y más justificado que lo otro. Infelizmente, las consecuencias son también inversas. En cuanto a la Naturaleza, liberando la generación, somete, entre tanto, la conservación de la especie a una prueba de las más severas, escogiendo dentro de un gran número de individuos los que juzga mejores, y sólo a éstos preserva para la perpetuación de la especie; el hombre limita la procreación y se esfuerza denodadamente para que cada ser, una vez nacido, se conserve a cualquier precio. Esta corrección de la voluntad divina le parece ser tan sabia como humana, y él se alegra más de una vez por haber sobrepujado a la Naturaleza y hasta haber demostrado la insuficiencia de la misma. Y el hijo de Adán no quiere ver ni oír hablar que, en realidad, el número es limitado, pero a costa del abatimiento del individuo. Siendo limitada la procreación, por disminución del número de nacimientos, sobreviene, en lugar de la natural lucha por la vida (que sólo deja en pie al más fuerte y al más sano), como lógica consecuencia, el prurito de "salvar" a todo trance también al débil y hasta al enfermo, cimentando el germen de una progenie que irá degenerando progresivamente, mientras persista ese escarnio de la Naturaleza y sus leyes. El resultado final es que un pueblo tal perderá algún día el derecho a la existencia en este mundo, pues el hombre puede, durante un cierto tiempo, desafiarlas leyes eternas de la conservación, pero la venganza vendrá, más tarde o más temprano. Una generación más fuerte expulsará a los débiles, pues el ansia por la vida, en su última forma, siempre romperá todas las corrientes ridículas del llamado espíritu de humanidad individualista. En su lugar aparecerá una Humanidad natural, que destruirá la debilidad para engendrar la fuerza.“

—  Adolf Hitler Führer y Canciller Imperial de Alemania. Líder del Partido Nazi 1889 - 1945

Mi Lucha

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„Durante toda mi vida, he tenido la impresión de que podía convertirme en una persona distinta. De que, yéndome a otro lugar y empezando una nueva vida, iba a convertirme en otro hombre. He repetido una vez tras otra la misma operación. Para mí representaba, en un sentido, madurar y, en otro sentido, reinventarme a mí mismo. De algún modo, convirtiéndome en otra persona quería liberarme de algo implícito en el yo que había sido hasta entonces. Lo buscaba de verdad, seriamente, y creía que, si me esforzaba, podría conseguirlo algún día. Pero, al final, eso no me conducía a ninguna parte. Por más lejos que fuera, seguía siendo yo. Por más que me alejara, mis carencias seguían siendo las mismas. Por más que el decorado cambiase, por más que el eco de la voz de la gente fuese distinto, yo seguía siendo el mismo ser incompleto. Dentro de mí se hallaban las mismas carencias fatales, y esas carencias me producían un hambre y una sed violentas. Esa hambre y esa sed me han torturado siempre, tal vez sigan torturándome a partir de ahora. En cierto sentido, esas carencias, en sí mismas, son lo que yo soy…“

—  Haruki Murakami escritor y traductor japonés 1949

South of the Border, West of the Sun
Variante: Durante toda mi vida, he tenido la impresión de que podía convertirme en una persona distinta. De que, yéndome a otro lugar y empezando una nueva vida, iba a convertirme en otro hombre. He repetido una vez tras otra la misma operación. Para mí representaba, en un sentido, madurar y, en otro sentido, reinventarme a mí mismo. De algún modo, convirtiéndome en otra persona quería liberarme de algo implícito en el yo que había sido hasta entonces. Lo buscaba de verdad, seriamente, y creía que, si me esforzaba, podría conseguirlo algún día. Pero, al final, eso no me conducía a ninguna parte. Por más lejos que fuera, seguía siendo yo. Por más que me alejara, mis carencias seguían siendo las mismas. Por más que el decorado cambiase, por más que el eco de la voz de la gente fuese distinto, yo seguía siendo el mismo ser incompleto. Dentro de mí se hallaban las mismas carencias fatales, y esas carencias me producían un hambre y una sed violentas. Ese hambre y esa sed me han torturado siempre, tal vez sigan torturándome a partir de ahora. En cierto sentido, esas carencias, en sí mismas, son lo que yo soy.

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„Debo empezar por unas disculpas ("mal comienzo", decía mi abuela).

¿De qué tenemos que pedir perdón? ¿De qué nos van a perdonar? ¿De no morirnos de hambre? ¿De no callarnos en nuestra miseria? ¿De no haber aceptado humildemente la gigantesca carga histórica de desprecio y abandono? ¿De habernos levantado en armas cuando encontramos todos los otros caminos cerrados? ¿De no habernos atenido al Código Penal de Chiapas, el más absurdo y represivo del que se tenga memoria? ¿De haber demostrado al resto del país y al mundo entero que la dignidad humana vive aún y está en sus habitantes más empobrecidos? ¿De habernos preparado bien y a conciencia antes de iniciar? ¿De haber llevado fusiles al combate, en lugar de arcos y flechas? ¿De haber aprendido a pelear antes de hacerlo? ¿De ser mexicanos todos? ¿De ser mayoritariamente indígenas? ¿De llamar al pueblo mexicano todo a luchar de todas las formas posibles, por lo que les pertenece? ¿De luchar por libertad, democracia y justicia? ¿De no seguir los patrones de las guerrillas anteriores? ¿De no rendirnos? ¿De no vendernos? ¿De no traicionarnos? ¿Quién tiene que pedir perdón y quién puede otorgarlo? ¿Los que, durante años y años, se sentaron ante una mesa llena y se saciaron mientras con nosotros se sentaba la muerte, tan cotidiana, tan nuestra que acabamos por dejar de tenerle miedo? ¿Los que nos llenaron las bolsas y el alma de declaraciones y promesas? ¿Los muertos, nuestros muertos, tan mortalmente muertos de muerte "natural", es decir, de sarampión, tosferina, dengue, cólera, tifoidea, mononucleosis, tétanos, pulmonía, paludismo y otras lindezas gastrointestinales y pulmonares? ¿Nuestros muertos, tan mayoritariamente muertos, tan democráticamente muertos de pena porque nadie hacía nada, porque todos los muertos, nuestros muertos, se iban así nomás, sin que nadie llevara la cuenta, sin que nadie dijera, por fin, el "¡YA BASTA!", que devolviera a esas muertes su sentido, sin que nadie pidiera a los muertos de siempre, nuestros muertos, que regresaran a morir otra vez pero ahora para vivir? ¿Los que nos negaron el derecho y don de nuestras gentes de gobernar y gobernarnos? ¿Los que negaron el respeto a nuestra costumbre, a nuestro color, a nuestra lengua? ¿Los que nos tratan como extranjeros en nuestra propia tierra y nos piden papeles y obediencia a una ley cuya existencia y justeza ignoramos? ¿Los que nos torturaron, apresaron, asesinaron y desaparecieron por el grave "delito" de querer un pedazo de tierra, no un pedazo grande, no un pedazo chico, sólo un pedazo al que se le pudiera sacar algo para completar el estómago?

¿Quién tiene que pedir perdón y quién puede otorgarlo?

¿El presidente de la república? ¿Los secretarios de estado? ¿Los senadores? ¿Los diputados? ¿Los gobernadores? ¿Los presidentes municipales? ¿Los policías? ¿El ejército federal? ¿Los grandes señores de la banca, la industria, el comercio y la tierra? ¿Los partidos políticos? ¿Los intelectuales? ¿Galio y Nexos? ¿Los medios de comunicación? ¿Los estudiantes? ¿Los maestros? ¿Los colonos? ¿Los obreros? ¿Los campesinos? ¿Los indígenas? ¿Los muertos de muerte inútil?

¿Quién tiene que pedir perdón y quién puede otorgarlo?“

—  Subcomandante Marcos ideólogo del EZLN 1957

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„Si le doy de comer a los pobres, me dicen que soy un santo. Pero si pregunto por qué los pobres pasan hambre y están tan mal, me dicen que soy un comunista.“

—  Helder Camara Arzobispo brasileño. 1909 - 1999

Fuente: Joaquín Piña, Quien tenga oídos para oír, que oiga http://www.puertoricoaldia.com.ar/modules.php?name=News&file=article&sid=3448

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„Un hueso para el perro no es caridad. La caridad es el hueso compartido con el perro cuando estás tan hambriento como el perro.“

—  Jack London escritor estadounidense 1876 - 1916

Original: «A bone to the dog is not charity. Charity is the bone shared with the dog when you are just as hungry as the dog».
Variante: Tirarle el hueso al perro no es caridad. Caridad es compartir el hueso con el perro cuando se está tan hambriento como él
Fuente: Novels and Social Writings.
Fuente: London, Jack. Novels and Social Writings. Volumen 2 de Library of America Jack London Edition Series. The Library of America. Editor Donald Pizer. Edición reimpresa. Editorial Library of America, 1982. ISBN 9780940450066. Página 191. https://books.google.es/books?id=HJKfh-uaLEUC&pg=PA191&dq=A+bone+for+the+dog+is+not+charity.+Charity+is+sharing+the+bone+with+the+dog,+when+you+are+as+hungry+as+the+dog&hl=es&sa=X&ved=0ahUKEwjah5qX3-ngAhWFgM4BHcvOBTUQ6AEIKDAA#v=onepage&q=A%20bone%20for%20the%20dog%20is%20not%20charity.%20Charity%20is%20sharing%20the%20bone%20with%20the%20dog%2C%20when%20you%20are%20as%20hungry%20as%20the%20dog&f=false

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„El hombre es el único animal que come sin tener hambre, bebe sin tener sed y habla sin tener nada que decir.“

—  Mark Twain escritor estadounidense 1835 - 1910

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„Leí el otro día que el 50% de los argentinos está con sobrepeso. Y ¿dónde está el hambre entonces?“

—  Bernardo Neustadt periodista argentino 1925 - 2008

En el Canal P&E, 2004

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„No me arrepiento de lo que he hecho, porque me gusta la carne y no soy el único, en diciembre compartí al vecino Manuel “pana” que era muy buena persona, y yo me dije, si es tán buen vecino tiene que estar bien sabroso. Total que hice unas empanadillas con él y las compartí con los conocidos que en todo momento alabaron la sabrosura del relleno. Quizá ahora piensen mal de mi, pero yo lo hice con la mejor buena voluntad del mundo, como recomienda la iglesia yo compartí mi pan, bueno en este caso al bueno de Manuel, pero al caso le hace lo mismo con otros tan necesitados como yo y ahora me veo prisionero. Yo por necesidad me veo metido en esta vaina, por todo cuanto robaron en esta nación que nos han llevado al hambre a miles de venezolanos, pero no me arrepiento, por que a pesar de todo, lo único que no me daba apetito eran las cabezas. Con las manos y los pies cuando más me apuraba el hambre yo me hacia una sopita con ellas y no desaprovechaba nada.“

—  Dorangel Vargas asesino en serie venezolano come caquita 1957

Fuente: Grandes Mentes Asesinas de la Historia. Anónimo. Edición íntegra. Libro Móvil, 2018. https://books.google.es/books?id=sSNWDwAAQBAJ&printsec=frontcover&dq=Grandes+Mentes+Asesinas+de+la+Historia&hl=es&sa=X&ved=0ahUKEwib8Mnn-9_hAhUOhxoKHQl7CEsQ6AEIKDAA#v=onepage&q=No%20me%20arrepiento%20de%20lo%20que%20he%20hecho%2C%20porque%20me%20gusta%20la%20carne%20y%20no%20soy%20el%20%C3%BAnico%2C%20en%20diciembre%20compart%C3%AD%20al%20vecino%20Manuel%20%E2%80%9Cpana&f=false En Google libros. Consultado el 21 de abril de 2019.

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„Quien no haya pasado tardes enteras delante de un libro, con las orejas ardiéndole y el
pelo caído por la cara, leyendo y leyendo, olvidado del mundo y sin darse cuenta de que
tenía hambre o se estaba quedando helado…
Quien nunca haya leído en secreto a la luz de una linterna, bajo la manta, porque Papá
o Mamá o alguna otra persona solícita le ha apagado la luz con el argumento bien
intencionado de que tiene que dormir, porque mañana hay que levantarse tempranito…
Quien nunca haya llorado abierta o disimuladamente lágrimas amargas, porque una
historia maravillosa acaba y había que decir adiós a personajes con los que había
corrido tantas aventuras, a los que quería y admiraba, por los que había temido y
rezado, y sin cuya compañía la vida le parecería vacía y sin sentido…
Quien no conozca todo esto por propia experiencia no podrá comprender probablemente lo que Bastián hizo entoces.“

—  Michael Ende, libro La historia interminable

The Neverending Story
Variante: Quien no haya pasado nunca tarde enteras delante de un libro, con las orejas ardiéndole y el pelo caído por la cara, leyendo y leyendo, olvidado del mundo y sin darse cuenta de que tenía hambre o se estaba quedando helado...
Quien nunca haya leído en secreto a la luz de una linterna, bajo la manta porque Papá o Mamá o alguna otra persona solícita le ha apagado la luz con el argumento bien intencionado de que tiene que dormir, porque mañana hay que levantarse tempranito...
Quien nunca haya llorado abierta o disimuladamente lágrimas amargas, porque una historia maravillosa acababa y había que decir adiós a personajes con los que había corrido tantas aventuras, a los que quería ya admiraba, por los que había temido y rezado, y sin cuya compañía la vida le parecía vacía y sin sentido...
Quien no conozca todo eso por propia experiencia, no podrá comprender...

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„ARTISTAS: se mueren de hambre, no se cortan las uñas y se comunican entre sí diciéndose rimas de Becquer“

—  Jorge Ibargüengoitia escritor mexicano 1928 - 1983

Estas ruinas que ves

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„Cuando oímos, como hace pocos meses, a los hombres encargados por el pueblo de reformar la carta magna de la Nación clamar con inconsciente suficiencia que la misión de la mujer es la guardia del hogar y la procreación de los hijos; pensábamos con amargura en el hogar de las sirvientas como nosotras mujeres; pensábamos en los miles de mujeres que, a la par del hombre, pero con menos salario que él trabajan de sol a sol, en las fábricas y en los talleres; en las innumerables empleadas que de pie cruelmente obligadas a ello por un mezquino sueldo, pasan encerradas en los talleres; en otras más miserables aún que, al precio de un salario de hambre, cosen catorce y dieciséis horas para los registros; en las telefonistas, que con quince faltas en el plazo de trece meses pierden la efectividad de su empleo y nos preguntábamos qué salvaje ironía o qué obtusa inconsciencia inspiraban las palabras de aquellos constituyentes que no tuvieron reparo en negar a la mujer el derecho a la vida ciudadana, en nombre del más sagrado de todos los deberes; pero que, a estas esclavas del hambre, siquiera en nombre de la maternidad humillada, no saben proteger como legisladores, ni muchas veces saben respetar como hombres.“

—  Paulina Luisi médica, profesora y activista feminista uruguaya 1875 - 1950

Fuente: Nuestro Programa. Acción Femenina, no. 1, julio de 1917.[ref. insuficiente, y cita demasiado larga]

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„No hemos sabido mantener ese hambre, esa ambición… mentalmente no estábamos preparados y físicamente estábamos justos.“

—  Xabi Alonso futbolista español 1981

Tras la eliminación de España en el Mundial de Fútbol de Brasil 2014.
Fuente: Indignación en La Roja con Xabi Alonso http://www.marca.com/2014/06/20/futbol/mundial/espana/1403254203.html. Marca, 20 de junio de 2014.

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„La envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual.“

—  Miguel de Unamuno, Del sentimiento trágico de la vida

Variante: La envidia es mil veces más temible que el hambre porque es hambre espiritual.
Fuente: [Unamuno], Miguel de. Del sentimiento trágico de la vida. La agonía del cristianismo. Editorial Ediciones AKAL, 1983. ISBN 978-84-7339-676-9, p. 107.
Fuente: Del sentimiento trágico de la vida.

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„Contra el hambre y la sed no teníamos defensa. Valor teníamos, pero la esperanza era sólo un recuerdo.“

—  Ambrose Bierce escritor, periodista y editorialista estadounidense 1842 - 1914

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„Tengo hambre.“

—  Jorge Luis Borges escritor argentino 1899 - 1986