“De repente, le parecía estar aún más abandonada a sí misma. No había escapatoria posible. Cada vez que levanta la mirada, Frida miraba a Frida, observaba su desesperación silenciosa, se derrumbaba sobre sí misma. Frida sonreía, la Frida-espejo también sonreía, tranquilizada. Frida se odiaba por ese hándicap, el ojo de Frida-espejo se endurecía sin complacencia. Frida echaba de menos a Alejandro, Frida-espejo se entristecía y palidecía. Frida escribía unas palabras en un papel, Frida-espejo lo leía todo por encima de su hombro. Espejo implacable, compañero mirón. Presente, inevitable. La única solución para vivir con él: adoptarlo de una manera u otra, domeñarlo, sacarle el máximo provecho. Encontrar la manera de cohabitar, romperse la cabeza, pero encontrarla.”Rauda Jamis