“Estas tropas pueden ser útiles y buenas para sus amos, pero para quien las llama son casi siempre funestas; pues”
El Principe
Citas similares
Steven D. Levitt libro SuperFreakonomics
SuperFreakonomics: Enfriamiento global, prostitutas patrioticas y por que los terroristas suicidas deberian contratar un seguro de vida (Vintage Espanol)
“No todos los hombres pueden ser grandes, pero pueden ser buenos.”
Confucio (-551–-479 a.C.) filósofo chino
Citas sin referencias
Nicolás Maquiavelo (1469–1527) diplomático, funcionario público, filósofo político y escritor italiano
El Principe
“Es necesario ser casi un genio para ser un buen marido.”
Honoré De Balzac (1799–1850) novelista francés
Fuente: Eusebio, Sebastián Arribas. Enciclopedia básica de la vida. Cultivalibros. 2010. ISBN 978-84-99233-42-0, p. 87.
“Casi siempre estaba de buen humor; el resto del tiempo, dormía.”
Boris Vian libro La espuma de los días
L'Écume des jours
“Las cosas no tienen por qué ser muy extensas para que sean útiles.”
Edward de Bono (1933) médico maltés
Fuente: "Simplicidad" (1998)
Agustín Agualongo (1780–1824) caracteristicas de su personalidad
Fuente: Agustín Agualongo y su tiempo. Volumen 61 de Biblioteca Banco Popular. 2ª edición. Editorial Banco Popular, 1974. p. 255.
“¡Qué tropa, joder, qué tropa!”
Conde de Romanones (1863–1950) Conde de Romanones
Dicen que cuando el Conde de Romanones fue propuesto para la Real Academia, le sugirió alguien que hiciese una visita de cortesía a todos los miembros de la Institución encareciéndoles su apoyo, porque esa era la costumbre. Así es que venciendo el natural pudor cumplimentó ese requisito y todo el mundo le aseguró que su voto sería para él. El día de la votación se acercó su secretario y en un aparte le dijo: Excelencia, traigo malas noticias: no hemos salido. ¿Cómo es posible? -preguntó perplejo- Pero si tenía garantizada la elección... El funcionario se encogió de hombros. Pero entonces ¿cuántos votos he tenido?- quiso saber. Ninguno, Excelencia- musitó el secretario con un hilo de voz. El político se quedó unos instantes pensativo y luego cabeceando ligeramente se volvió hacia su ayudante: ¡Joder, qué tropa!,- concluyó.
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