“Me habría gustado llegar al colmado una mañana y verlos a todos, incluso a los Elbert y a los niños, agonizando en el suelo entre gritos de dolor. Entonces yo misma me serviría los productos, pensé, esquivando los cuerpos. Agarraría de los estantes todo lo que me apeteciera y me iría a casa, y quizá aprovecharía que tenía a Mrs Donell allí tumbada para darle una patada. Nunca me sentía culpable de esos pensamientos; solo deseaba que se hicieran realidad. «No está bien que los odies --me decía Constance--, eso únicamente te perjudica a ti», pero yo los odiaba de todos modos, y me preguntaba si su existencia tenía algún sentido.”Shirley Jackson libro We Have Always Lived in the CastleWe Have Always Lived in the Castle