“Si te llevas un libro a un viaje –le había dicho Mo cuando introdujo el primero en la caja- sucede algo muy extraño: el libro empezará a atesorar tus recuerdos. Más tarde, bastará con abrirlo para trasladarte al lugar donde lo leíste por vez primera. Y con las primeras palabras recordarás todo: las imágenes, los olores, el helado que te comiste mientras leías… Créeme, los libros son como esas tiras de papel matamoscas. A nada se pegan tan bien los recuerdos como a las páginas impresas.Seguramente tenía razón. Pero Meggie se llevaba en cada viaje sus libros también por otro motivo. Eran su hogar cuando estaba fuera de casa: voces familiares, amigos que nunca se peleaban con ella, amigos inteligentes, poderosos, audaces, experimentados, grandes viajeros curtidos en mil aventuras. Sus libros la alegraban cuando estaba triste y disipaban su aburrimiento mientras su padre cortaba el cuero y las telas y encuadernaba de nuevo viejas páginas que se habían tornado quebradizas por los incontables años y dedos que habían pasado por sus hojas.Algunos libros la acompañaban siempre; otros se quedaban en casa porque no se adecuaban a la finalidad del viaje o porque tenían que dejar sitio para una nueva historia aún desconocida.”Cornelia Funke Inkheart
“¡Escucha! –exclamó-. Sé que es difícil de creer, pero si algo puede abrir las puertas de las mazmorras del Castillo de la Noche son las palabras de esta carta… y la lengua de Meggie. Ella es capaz de hacer que la tinta respire, Roxana, igual que tú con tus canciones. Su padre posee el mismo don. Si Cabeza de Víbora lo supiera seguramente lo habría ahorcado hace mucho tiempo. Las palabras con las que el padre de Meggie mató a Capricornio eran tan inofensivas como éstas.¡Cómo lo miró Roxana! Con la misma incredulidad que antes, cada vez que Dedo Polvoriento había intentado explicarle su ausencia durante semanas.-¡Hablas de hechicería! –musitó ella.-No. Hablo de leer.”Cornelia Funke Inkspell
“¿No te parece raro el grosor de un libro cuando lo lees varias veces? –le había preguntado Mo en su último cumpleaños, cuando contemplaban cada uno de sus viejos libros-. Parece como si cada vez algo quedara adherido entre las páginas. Sentimientos, pensamientos, sonidos, olores… Y cuando al cabo de los años vuelves a hojear el libro, te descubres a ti misma dentro, un poco más joven y diferente, como si el libro te hubiera conservado igual que una flor prensada, extraña y familiar al mismo tiempo.”Cornelia Funke Inkspell
“¿[Matar] es fácil?«Sí —pensó Mo—. Sí, lo es… una vez que en tu pecho late un segundo corazón, frío y de aristas duras como la espada que portas. Unas gotas de odio y furia, unas semanas de miedo y de rabia desvalida bastan para que crezca dentro de ti. Te marca el compás cuando llega el momento de matar, salvaje y rápido. Y sólo después vuelves a sentir tu otro corazón, tan blando y cálido. Se estremece ante lo que has hecho al compás del otro. Duele y tiembla… Pero eso acontece después.»El joven seguía mirándolo.—Es muy fácil —repuso Mo—. Morir es más difícil.”Cornelia Funke Inkdeath