Citas del libro
Pedro Páramo

Pedro Páramo

Pedro Páramo es una novela corta del escritor mexicano Juan Rulfo. El autor concibió la idea de la obra a finales de los años 1940 y, tras recibir una beca del Centro Mexicano de Escritores, publicó adelantos de la misma de 1953 a 1954 en diversas revistas bajo los títulos preliminares Una estrella junto a la luna y Los murmullos. El manuscrito final fue presentado al Fondo de Cultura Económica, editorial que publicó su primera edición en 1955.[1]​


Juan Rulfo Foto
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„Tendré que oírlo, hasta que se le muera su voz.“

—  Juan Rulfo, libro Pedro Páramo

Pedro Páramo

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„Hace calor aquí- dije.
-Si, y esto no es nada- me contestó el otro.
Cálmese.
Ya lo sentirá más fuerte cuando lleguemos a Comala. Aquello está sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del infierno.
Con decirle que muchos de los que allí se mueren, al llegar al infierno regresan por su cobija.“

—  Juan Rulfo, libro Pedro Páramo

Pedro Páramo
Variante: Hace calof aquí- dije.
-Si, y esto no es nada- me contestó el otro.
Cálmese.
Ya lo sentirá mas fuerte cuando lleguemos a Comala. Aquello está sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del infierno.
Con decirle que muchos de los que allí se mueren, al llegar al infierno regresan por su cobija.

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„La muerte no se reparte como si fuera un bien.“

—  Juan Rulfo, libro Pedro Páramo

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„Me mataron los murmullos“

—  Juan Rulfo, libro Pedro Páramo

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„Pienso cuando maduraban los limones. En el viento de febrero que rompía los tallos de los helechos, antes que el abandono los secara; los limones maduros que llenaban con su olor el viejo patio.
El viento bajaba de las montañas en las mañanas de febrero. Y las nubes se quedaban allá arriba en espera de que el tiempo bueno las hiciera bajar al valle; mientras tanto dejaban vacío el cielo azul, dejaban que la luz cayera en el juego del viento haciendo círculos sobre la tierra, removiendo el polvo y batiendo las ramas de los naranjos.
Y los gorriones reían; picoteaban las hojas que el aire hacía caer, y reían; dejaban sus plumas entre las espinas de las ramas y perseguían a las mariposas y reían. Era esa época.
En febrero, cuando las mañanas estaban llenas de viento, de gorriones y de luz azul. Me acuerdo.
Mi madre murió entonces.
Que yo debía haber gritado: que mis manos tenían que haberse hecho pedazos estrujando su desesperación. Así hubieras tú querido que fuera. ¿Pero acaso no era alegre aquella mañana? Por la puerta abierta entraba el aire, quebrando las guías de la yedra. En mis piernas comenzaba a crecer el vello entre las venas, y mis manos temblaban tibias al tocar mis senos. Los gorriones jugaban. En las lomas se mecían las espigas. Me dio lástima que ella ya no volviera a ver el juego del viento en los jazmines; que cerrara sus ojos a la luz de los días. ¿Pero por qué iba a llorar?“

—  Juan Rulfo, libro Pedro Páramo

Pedro Páramo

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