“Ay, cómo trabajaban las chicas entonces; antes del amanecer ya estaban en pie, muertas de sueño, para disponer veinte o treinta fuegos. Barrer, fregar, limpiar y pulir se hacía sólo para volver a hacerlo. Lavar montañas de vajilla y cubertería, corretear escaleras arriba y abajo; y aquellas campanillas irascibles que empezaban a resonar como en una rabieta… Justo cuando lograbas sentarte un instante.”Laurie Lee (1914–1997) escritor británicoCider With RosieDe sueños, Montaña, De muerte
“¿Qué era una vida normal? Era la vida de las chicas que trabajaban con ella, las fiestas de homenaje, las sábanas de hilo, las baterías de cocina y la cubertería de plata, ese complicado orden femenino; y, por otro lado, era la vida del salón de baile Gay-la, ir borracha en coche por carreteras negras, escuchar chistes de hombres, soportar y pelearte con hombres y conseguirlos, conseguirlos: un lado no podía existir sin el otro, y al asumir y acostumbrarse a ambos, una chica se ponía en camino del matrimonio. No había otra manera. Y yo no iba”Alice Munro (1931) novelista canadienseLa vida de las mujeresCocina, Camino, Coches, De vida
“Glynis no sólo trabajaba (o había trabajado) con metal; era metal. Rígida, poco dispuesta a cooperar e inflexible. Dura, refractaria y de una radiante rebeldía. El cuerpo largo, estilizado y anguloso como las joyas y la cubertería que una vez diseñó; en la escuela de artes y oficios no había elegido su medio por casualidad. Se identificaba naturalmente con cualquier material que se negara encarnizadamente a hacer lo que uno quería, cuya forma fuese resistente al cambio y sólo respondiera al trato violento. El metal era un escándalo. Si alguna vez se lo maltrataba, sus abolladuras y arañazos captaban la luz como rencores ocultos.”Lionel Shriver (1957) escritora estadounidenseSo Much for ThatDe escuela, Cambio