“Lo que este país desde hace mucho necesita —y se acepta que nunca llegue—ni que nunca cumpla su objetivo—mientras los jefes y el gobierno—que trabajan conchabados—exclaman--¡estupendo! ¡estupendo!—porque nunca llega y siempre incumple el plazo. Desde hace mucho se necesita una revolución—revolución contra los jefes que te controlan la comida, el sueldo, las pesadillas. Fácil resultaría meterse en una de esas salas de reuniones—al final del largo pasillo donde la oficina de la esquina se asoma al puente de Verrazano—y liarte a tiros contra toda la junta directiva—darles simplemente un tiro en la cabeza—sería un asesinato en beneficio de la humanidad y un sonoro clamor por la justicia.”Giannina Braschi
“Quién puede encarnar mejor el espíritu de este país que un asesino en serie—un francotirador psicópata que en Washington DC mata transeúntes al azar y pide luego un rescate para detener la sangría. Esta nación, como mandamás que es de otras naciones, actúa del mismo modo. Asesina a otras naciones en nombre de los mercados monetarios. Esta nación es un asesino en serie. Nación de asesinos. De mandamases—en absoluto de filósofos, ni de poetas, ni de amantes. Este es un país de explotadores y explotados, de abusadores y abusados—y entre medias no hay música, ni hay amor, ni hay belleza.”Giannina Braschi
“Este país adora el olor de la sangre—y se ve atraído por la sangre como sabuesos que husmean en busca de cadáveres—y desconoce sus límites—y expande sus límites sin importarle el peligro, hasta que el asesino se convierte en hombre bomba. En su ansia por dinero ensuciado de sangre, el asesino termina por suicidarse al no encontrar más dinero sangriento con que alimentar sus entrañas. Digo esto con amor en las entrañas por un país donde los bomberos buscaban supervivientes tras el once de septiembre de 2001. Son mis pensamientos supervivientes de ese atentado terrorista—los rescataron de la bolsa de aire donde un pájaro había puesto un huevo.”Giannina Braschi