“Los visitantes con esperanzas puestas en el comercio apícola me resultan interesantes y conmovedores; muchos son jóvenes y despiertan a la madre que hay en mí. Suelen tener trabajos aburridos que detestan, y la idea de poseer una granja con abejas en el campo es para ellos una fantasía reconfortante. Procuro no desanimarlos, pero a veces no me queda más remedio. En estos tiempos, casi cualquier tipo de trabajo rural condena a los novatos a la bancarrota.”Sue Hubbell