Citas sobre la mentira y la traición.

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“Si dices una mentira lo suficientemente grande y la repites con frecuencia, se creerá.”

Adolf Hitler (1889–1945) Führer y Canciller Imperial de Alemania. Líder del Partido Nazi
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“«El precio de la disciplina es siempre menor que el dolor del arrepentimiento».”

Éxito. Una guía extraordinaria

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“El Museo Ghibli me hace sentir nostalgia, especialmente por las tardes, cuando atardece y el Sol se pone: las lágrimas bañan mis ojos.”

Hayao Miyazaki (1941) director de cine de animación, ilustrador, dibujante de cómics y productor de dibujos animados japonés

Fuente: Entrevista con Hayao Miyazaki en Animage, mayo de 2001: http://translate.google.com/translate?hl=es&u=http%3A%2F%2Fwww.nausicaa.net%2Fmiyazaki%2Finterviews%2Fsen.html

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“La derrota en la guerra no es el mayor de los males, salvo cuando la inflige un enemigo indigno.”

Esquines (-389–-314 a.C.) político y orador ateniense

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“Les fleurs du mal […] me marcará de múltiples formas.”

José Baroja (1983) Escritor y editor chileno

Fuente: José Baroja: conoce la historia del escritor maipucino que triunfa desde México con sus cuentos. https://lavozdemaipu.cl/jose-baroja-escritor-maipucino-en-mexico/

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“Descubrí que mi obsesión de que cada cosa estuviera en su puesto, cada asunto en su tiempo, cada palabra en su estilo, no era el premio merecido de una mente en orden, sino al contrario, todo un sistema de simulación inventado por mí para ocultar el desorden de mi naturaleza. Descubrí que no soy disciplinado por virtud, sino como reacción contra mi negligencia; que parezco generoso por encubrir mi mezquindad, que me paso de prudente por mal pensado, que soy conciliador para no sucumbir a mis cóleras reprimidas, que sólo soy puntual para que no se sepa cuan poco me importa el tiempo ajeno.”

Memories of My Melancholy Whores
Variante: Gracias a ella me enfrenté por vez primera con mi ser natural mientras transcurrían mis 90 años. Descubrí que mi obsesión de que cada cosa estuviera en su puesto, cada asunto en su tiempo, cada palabra en su estilo, no era el premio merecido de una mente en orden, sino al contrario, todo un sistema de simulación inventado por mí para ocultar el desorden de mi naturaleza. Descubrí que no soy disciplinado por virtud sino como reacción contra mi negligencia; que parezco generoso por encubrir mi mezquindad que me paso de prudente por mal pensado, que soy conciliador por no sucumbir a mis cóleras reprimidas, que sólo soy puntual para que no se sepa cuán poco me importa el tiempo ajeno. Descubrí, en fin, que el amor no es un estado del alma sino un signo del zodiaco.

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“La ignorancia es la madre de todos los males.”

Francois Rabelais (1494–1553) escritor, médico y humanista francés

Original: «Ignorance est mère de tous les maux».
Fuente: Oeuvres de F. Rabelais: Éditions ... des oeuvres de Rabelais. Table analytique et raisonnée. Glossaire. Erotica verba. Rabelaesiana. Rabelais, François. L. Janet, 1823. Páina 569. https://books.google.es/books?id=PK1BAAAAIAAJ&pg=PA569&dq=Ignorance+est+m%C3%A8re+de+tous+les+maux&hl=es&sa=X&ved=0ahUKEwinqKC3rdLmAhURnxQKHUnhC7wQ6AEIMTAB#v=onepage&q=Ignorance%20est%20m%C3%A8re%20de%20tous%20les%20maux&f=false En Google Books. Consultado el 7 de junio de 2019.

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“El dolor es un camino solitario.”

Paula

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“Dejando a un lado la cuestión de la genialidad de los representantes del pueblo, considérese simplemente el carácter complejo de los problemas pendientes de solución, aparte de los ramos diferentes de actividad en que deben adoptarse decisiones, y se comprenderá entonces la incapacidad de un sistema de gobierno que pone la facultad de la decisión final en manos de una asamblea, entre cuyos componentes sólo muy pocos poseen los conocimientos y la experiencia requeridos en los asuntos a tratar. Pues así como las más importantes medidas en materia económica resultan sometidas a un foro cuyos miembros, en sus nueve décimas partes, carecen de la preparación necesaria. Lo mismo ocurre con otros problemas, dejando siempre la decisión en manos de una mayoría compuesta de ignorantes e incapaces, pues la organización de esa institución permanece inalterada, al paso que los problemas que en ella son tratados se extienden a todos los ámbitos de la vida pública. Es completamente imposible que los mismos hombres que tratan de asuntos de transportes se ocupen, por ejemplo, de una cuestión de alta política exterior. Sería preciso que todos fuesen genios universales, los que tan sólo de siglo en siglo aparecen. Infelizmente, se trata no de verdaderas "cabezas" pero sí de diletantes, tan vulgares que incluso están convencidos de su valor. De ahí proviene también la ligereza con que frecuentemente estos señores deliberan y resuelven cuestiones que serían motivo de honda reflexión aun para los más esclarecidos talentos. Allí se adoptan medidas de enorme trascendencia para el futuro de un Estado como si no se tratase de los destinos de toda una nacionalidad, sino solamente de una partida de naipes, que es lo que resultaría más propio de tales políticos. Sería naturalmente injusto creer que todo diputado de un parlamento semejante se halle dotado de tan escasa noción de responsabilidad. No. De ningún modo. Pero, el caso es que tal sistema, forzando al individuo a ocuparse de cuestiones que no conoce, lo corrompe paulatinamente. Nadie tiene allí el valor de decir: "Señores, creo que no entendemos nada de este asunto; yo al menos no tengo ni idea". Esta actitud tampoco modificaría nada porque, aparte de que una prueba tal de sinceridad quedaría totalmente incomprendida, no por un tonto honrado se resignarían los demás a sacrificar su juego. Quien, además, conoce a los hombres, comprende que en una sociedad tan ilustre nadie quiere ser el más tonto y, en ciertos círculos, honestidad es siempre sinónimo de estupidez. Así es como el representante aún sincero es obligado forzosamente al camino de la mentira y de la falsedad. Justamente la convicción de que la reacción individual poco o nada modificaría, mata cualquier impulso sincero que por ventura surja en uno u otro. A fin de cuentas, se convencerá de que, personalmente, lejos está de ser el primero entre los otros y que con su colaboración tal vez impida males mayores.”

Adolf Hitler (1889–1945) Führer y Canciller Imperial de Alemania. Líder del Partido Nazi

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