Citas recomendados
página 66

Gabriel García Márquez Foto
Gabriel García Márquez Foto
Gabriel García Márquez Foto
Gabriel García Márquez Foto

“La sabiduría nos llega cuando ya no nos sirve de nada.”

El amor en los tiempos del cólera
El coronel no tiene quien le escriba (1961)
Variante: La sabiduría nos llega cuando ya no sirve para nada.

Gabriel García Márquez Foto
Gabriel García Márquez Foto
Gabriel García Márquez Foto
Gabriel García Márquez Foto
Gabriel García Márquez Foto

“«¡Qué lejos estamos!», suspiró.
«¿De qué?»
«De nosotros mismos»”

Of Love and Other Demons
Variante: ¡Qué lejos estamos! -, suspiró.
-¿De qué?
-De nosotros mismos

Gabriel García Márquez Foto
Gabriel García Márquez Foto
Gabriel García Márquez Foto
Gabriel García Márquez Foto
Gabriel García Márquez Foto
Gabriel García Márquez Foto
Gabriel García Márquez Foto

“Tennía que enseñarle a pensar en el amor como un estado de gracia que o era un medio para anda, sino un origen y un fin en si mismo”

Love in the Time of Cholera
Variante: Tenía que enseñarle a pensar en el amor como un estado de gracia que no era un medio para nada, sino un origen y un fin en sí mismo.

Gabriel García Márquez Foto
Gabriel García Márquez Foto

“No le dijo a nadie que se iba, no se despidió de nadie, con el hermetismo férreo con que sólo le reveló a la madre el secreto de su pasión reprimida, pero a la víspera del viaje cometió a conciencia una locura última del corazón que bien pudo costarle la vida. Se puso a la medianoche su traje de domingo, y tocó a solas bajo el balcón de Fermina Daza el valse de amor que había compuesto para ella, que sólo ellos dos conocían y que fue durante tres años el emblema de su complicidad contrariada. Lo tocó murmurando la letra, con el violín bañado en lágrimas, y con una inspiración tan intensa que a los primeros compases empezaron a ladrar los perros de la calle, y luego los de la ciudad, pero después se fueron callando poco a poco por el hechizo de la música, y el valse terminó con un silencio sobrenatural. El balcón no se abrió, ni nadie se asomó a la calle, ni siquiera el sereno que casi siempre acudía con su candil tratando de medrar con las migajas de las serenatas. El acto fue un conjuro de alivio para Florentino Ariza, pues cuando guardó el violín en el estuche y se alejó por las calles muertas sin mirar hacia atrás, no sentía ya que se iba la mañana siguiente, sino que se había ido desde hacía muchos años con la disposición irrevocable de no volver jamás..”

El amor en los tiempos del cólera (1985)