Frases sobre los gatos

Una colección de frases y citas sobre el tema del gatos.

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Un total de 50 citas gatos, filtro:


Pedro García Foto

„No se puede garantizar que ahí no les vendan gatos.“

—  Pedro García médico chileno 1960

Refiriéndose al control del virus hanta, 2004.

Roberto Fontanarrosa Foto

„No creo que los niños sean felices hoy en día. En mi época quemábamos gatos con napalm. Éramos simples.“

—  Roberto Fontanarrosa Humorista gráfico y escritor argentino 1944 - 2007

Citas de personajes, Boogie el aceitoso

Charles Bukowski Foto

„Mi mujer y mis 9 gatos me parecen los más grandes genios de este mundo. Lo son.“

—  Charles Bukowski escritor y poeta estadounidense 1920 - 1994

The Captain is Out to Lunch and the Sailors Have Taken Over the Ship

Enrique Bunbury Foto

„No te preocupes por mi soy como los gatos y caigo de pie, y no me duele cuando me hacen daño.“

—  Enrique Bunbury músico español 1967

El tiempo de las cerezas - El tiempo de las cerezas
En solitario, El Tiempo de las Cerezas

Michio Kaku Foto
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Giacomo Casanova Foto

„En la noche, usted sabe, todos los gatos son grises.“

—  Giacomo Casanova Escritor y aventurero veneciano 1725 - 1798

Sin fuentes

Jean Cocteau Foto

„Si prefiero los gatos a los perros es porque no hay gatos policías.“

—  Jean Cocteau poeta, novelista, dramaturgo, pintor, ocultista, diseñador, crítico y cineasta francés (1889-1963) 1889 - 1963

Fuente: [Cepeda Astudillo], Franklin. De la sonrisa al asombro: literaturas marginales y otros logros pintorescos. Colección Entre la ira y la esperanza. Editorial Kaustika Ed., 2003, p. 53.

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Friedrich Nietzsche Foto
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„Estamos llenos de pumas de Bengala! De gatos feroces! De yacarés mesopotámicos!“

—  Jacobo Winograd Actor argentino 1955

en lugar de yaguaretés mesopotámicos
Citas:

Umberto Eco Foto

„Adoro a los gatos. Son de las pocas criaturas que no se dejan explotar por sus dueños.“

—  Umberto Eco escritor y filósofo italiano 1932 - 2016

Permiso para matar http://www.publico.es/343136/permiso-para-matar en Diario Público de 24 de octubre de 2010.

Anastacia Foto
Fernando Vallejo Foto
Mathias Malzieu Foto

„Nieva sobre Edimburgo el 16 de abril de 1874. Un frío gélido azota la ciudad. Los viejos especulan que podría tratarse del día más frío de la historia. Diríase que el sol ha desaparecido para siempre. El viento es cortante; los copos de nieve son más ligeros que el aire.
¡Blanco! ¡Blanco! ¡Blanco!
Explosión sorda. No se ve más que eso. Las casas parecen locomotoras de vapor, sus chimeneas desprenden un humo grisáceo que hace crepitar el cielo de acero. Las pequeñas callejuelas de Edimburgo se metamorfosean. Las fuentes se transforman en jarrones helados que sujetan ramilletes de hielo. El viejo río se ha disfrazado de lago de azúcar glaseado y se extiende hasta el mar. Las olas resuenan como cristales rotos. La escarcha cae cubriendo de lentejuelas a los gatos. Los árboles parecen grandes hadas que visten camisón blanco, estiran sus ramas, bostezan a la luna y observan cómo derrapan los coches de caballos sobre los adoquines. El frío es tan intenso que los pájaros se congelan en pleno vuelo antes de caer estrellados contra el suelo. El sonido que emiten al fallecer es dulce, a pesar de que se trata del ruido de la muerte. Es el día más frío de la historia. Y hoy es el día de mi nacimiento. […]
Fuera nieva con auténtica ferocidad. La hiedra plateada trepa hasta esconderse bajo los tejados. Las rosas translúcidas se inclinan hacia las ventanas, sonrojando las avenidas, los gatos se transforman en gárgolas, con las garras afiladas. En el río, los peces se detienen con una mueca de sorpresa. Todo el mundo está encantado por la mano de un soplador de vidrio que congela la ciudad, expirando un frío que mordisquea las orejas. En escasos segundos, los pocos valientes que salen al exterior se encuentran paralizados, como si un dios cualquiera acabara de tomarles una foto. Los transeúntes, llevados por el impulso de su trote, se deslizan por el hielo a modo de baile. Son figuras hermosas, cada una en su estilo, ángeles retorcidos con bufandas suspendidas en el aire, bailarinas de caja de música en sus compases finales, perdiendo velocidad al ritmo de su ultimísimo suspiro.
Por todas partes, paseantes congelados o en proceso de estarlo se quedan atrapados. Solo los relojes siguen haciendo batir el corazón de la ciudad como si nada ocurriera.“

—  Mathias Malzieu obras 1974

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