Frases de estupidez

Una colección de frases y citas sobre el tema del estupidez.

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„En aquel tiempo, en mi ingenuidad de joven, creí poder evidenciar los errores de su doctrina. En el pequeño círculo en el que me desenvolvía, me esforzaba, por todos los medios a mi alcance, de convencerlos de lo pernicioso de los errores del marxismo y pensaba lograr ese objetivo; pero lo contrario es lo que siempre acontecía. Parecía que el examen cada vez más profundo de la actuación desmoralizadora de las teorías marxistas en sus aplicaciones prácticas, servía sólo para volver cada vez más firmes las decisiones de los judíos. Cuanto más discutía con ellos, mejor aprendía su dialéctica. Partían éstos de la creencia en la estupidez de sus adversarios, y cuando eso no daba resultados, se hacían pasar ellos mismos por estúpidos. Si fallaban ambos recursos, rehusaban entender lo que se les decía y, de repente, cambiaban de tema, saliendo con argumentos que, una vez aceptados, trataban de aplicar a casos completamente diferentes. Entonces, cuando de nuevo eran alcanzados en el propio terreno, que les era familiar, fingían debilidad y alegaban no tener suficientes conocimientos sobre el particular. Por donde quiera que se golpease a estos apóstoles, ellos se escabullían como anguilas en manos de los adversarios; cuando alguna vez se lograba reducir a uno de ellos, porque, observado por los presentes, no le había ya quedado otro recurso que asentir, grande debía ser la sorpresa que al día siguiente se experimentaba al constatar que ese mismo judío no recordaba ni lo más mínimo de lo acontecido la víspera y seguía repitiendo los dislates de siempre, como si nada, absolutamente nada, hubiera acontecido. Se fingía encolerizado, sorprendido y, sobre todo, desmemoriado por completo, excepto que el debate había terminado por evidenciar la verdad de sus afirmaciones. Muchas veces quedé atónito.“

—  Adolf Hitler Führer y Canciller Imperial de Alemania. Líder del Partido Nazi 1889 - 1945

Mi Lucha

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„Sólo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez del hombre.“

—  Albert Einstein físico germano-estadounidense, creador de la teoría de la relatividad 1879 - 1955

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„Lees mucho, tal vez un día cometas la estupidez de querer ser escritor.“

—  Alejandro Jodorowsky escritor y director de cine chileno-francés, de ascendencia judeo-ucraniana 1929

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„Fortaleza, con la linterna de la razón por delante, ya que de otra manera no serías fortaleza, sino estupidez, furia, audacia.“

—  Giordano Bruno astrónomo, filósofo, religioso y poeta italiano 1548 - 1600

Expulsión de la bestia triunfante

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„De vez en cuando me fumo un recuerdo, su humo se pone delante y no me deja ver tanta estupidez coexistente.“

—  Luis Alberto Costales Político ecuatoriano y poeta 1926 - 2006

Fuente: Rutas de Sombra y de Sol - pag 232, 22 de marzo de 2019, 2006, culturaenecuador.org, es http://www.culturaenecuador.org/images/stories/documentos/libros/rutasdesombraydesol.pdf,

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„Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano.“

—  Friedrich Schiller poeta, dramaturgo, filósofo e historiador alemán 1759 - 1805

En Proyecto Gutenberg
Fuente: Die Jungfrau von Orlenas, (1801). Tercer acto, escena VI
Fuente: http://www.gutenberg.org/cache/epub/6383/pg6383-images.html

Adolf Hitler Foto

„Dejando a un lado la cuestión de la genialidad de los representantes del pueblo, considérese simplemente el carácter complejo de los problemas pendientes de solución, aparte de los ramos diferentes de actividad en que deben adoptarse decisiones, y se comprenderá entonces la incapacidad de un sistema de gobierno que pone la facultad de la decisión final en manos de una asamblea, entre cuyos componentes sólo muy pocos poseen los conocimientos y la experiencia requeridos en los asuntos a tratar. Pues así como las más importantes medidas en materia económica resultan sometidas a un foro cuyos miembros, en sus nueve décimas partes, carecen de la preparación necesaria. Lo mismo ocurre con otros problemas, dejando siempre la decisión en manos de una mayoría compuesta de ignorantes e incapaces, pues la organización de esa institución permanece inalterada, al paso que los problemas que en ella son tratados se extienden a todos los ámbitos de la vida pública. Es completamente imposible que los mismos hombres que tratan de asuntos de transportes se ocupen, por ejemplo, de una cuestión de alta política exterior. Sería preciso que todos fuesen genios universales, los que tan sólo de siglo en siglo aparecen. Infelizmente, se trata no de verdaderas "cabezas" pero sí de diletantes, tan vulgares que incluso están convencidos de su valor. De ahí proviene también la ligereza con que frecuentemente estos señores deliberan y resuelven cuestiones que serían motivo de honda reflexión aun para los más esclarecidos talentos. Allí se adoptan medidas de enorme trascendencia para el futuro de un Estado como si no se tratase de los destinos de toda una nacionalidad, sino solamente de una partida de naipes, que es lo que resultaría más propio de tales políticos. Sería naturalmente injusto creer que todo diputado de un parlamento semejante se halle dotado de tan escasa noción de responsabilidad. No. De ningún modo. Pero, el caso es que tal sistema, forzando al individuo a ocuparse de cuestiones que no conoce, lo corrompe paulatinamente. Nadie tiene allí el valor de decir: "Señores, creo que no entendemos nada de este asunto; yo al menos no tengo ni idea". Esta actitud tampoco modificaría nada porque, aparte de que una prueba tal de sinceridad quedaría totalmente incomprendida, no por un tonto honrado se resignarían los demás a sacrificar su juego. Quien, además, conoce a los hombres, comprende que en una sociedad tan ilustre nadie quiere ser el más tonto y, en ciertos círculos, honestidad es siempre sinónimo de estupidez. Así es como el representante aún sincero es obligado forzosamente al camino de la mentira y de la falsedad. Justamente la convicción de que la reacción individual poco o nada modificaría, mata cualquier impulso sincero que por ventura surja en uno u otro. A fin de cuentas, se convencerá de que, personalmente, lejos está de ser el primero entre los otros y que con su colaboración tal vez impida males mayores.“

—  Adolf Hitler Führer y Canciller Imperial de Alemania. Líder del Partido Nazi 1889 - 1945

Mi Lucha

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„El mundo atribuye sus infortunios a las conspiraciones y maquinaciones de grandes malvados. Entiendo que se subestima la estupidez.“

—  Adolfo Bioy Casares escritor argentino 1914 - 1999

Citas de sus libros, Breve diccionario del argentino exquisito (1978)
Variante: "El mundo atribuye sus infortunios a las conspiraciones y maquinaciones de grandes malvados. Entiendo que se subestima la estupidez."

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