Frases sobre la alegría

Una colección de frases y citas sobre el tema del motivacional, felicidad/suete, vida, motivación.

Mejores frases sobre la alegría

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“Vuestra alegría es vuestra tristeza sin máscara.”

Fuente: Gibrán Jalil Giblrán. El Profeta. Editorial EDAF, 2010. Traducido por Mauro Fernández Alonso de Armiño. ISBN 978-84-4142-312-1, p. 51

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“La prueba más clara de sabiduría es una alegría continua.”

Michel De Montaigne (1533–1592) biografía, filósofo y político francés del Renacimiento

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“Mi risa es mi espada y mi alegría mi escudo.”

Héctor del Mar (1942–2019) locutor de radio y televisión español de origen argentino
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“Alegría y amor son las alas para las grandes promesas.”

Johann Wolfgang von Goethe (1749–1832) escritor alemán

Variante: La alegría y el amor son dos alas para las grandes acciones.

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“Hay quienes dan con alegría y esa alegría es su premio.”

Fuente: Gibrán Jalil Giblrán. El Profeta. Editorial EDAF, 2010. Traducido por Mauro Fernández Alonso de Armiño. ISBN 978-84-4142-312-1, p. 67.

Frases sobre la alegría

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“Consideremos nuevamente este punto. Eso es aquí, Es nuestro hogar. Eso somos nosotros. En él están todos los que amamos, todo los que conoces, todos de quiénes haz oído hablar, y todos los seres humanos, quiens fueran que han vivido sus vidas. La suma de nuestra alegría y sufrimiento, miles de confiadas religiones, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de la civilizaciones, cada rey y cada campesino, cada joven pareja de enamorados, cada madre y padre, cada esperanzado niño, inventor y explorador, cada maestro de moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie vivió ahí: en una mota de polvo suspendida en un rayo de Sol.

La Tierra es un muy pequeño escalón en una vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre derramados por todos esos generales y emperadores, para que, en gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las interminables crueles visitas que los habitantes de una esquina de ese pixel hicieron contra los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina; la frecuencia de sus malentendidos, la impaciencia por matarse unos a otros, la generación de fervientes odios. Nuestras posturas, nuestra imaginada auto-importancia, la falsa ilusión de tener una posición privilegiada en el Universo, son desafiadas por este pálido punto de luz.

Nuestro planeta es una mota solitaria en la inmensa oscuridad cósmica. En nuestra oscuridad, en toda esta vastedad, no hay ni un indicio de que la ayuda llegará desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos. La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro cercano, al cual nuestra especie pudiera migrar. ¿Visitar?, Sí. Establecerse, ¿aún no?. Nos guste o no, por el momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos.

Se ha dicho que la astronomía es una experiencia de humildad y construcción de carácter. Quizá no hay mejor demostración de la tontería de la soberbia humana que ésta imagen distante de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amablemente, y de preservar y cuidar el pálido punto azul, el único hogar que jamás hemos conocido”

Carl Sagan (1934–1996) astrofísico, cosmólogo y divulgador científico estadounidense
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“Mira a todos a tu alrededor y ve lo que hemos hecho de nosotros y de eso considerado como victoria nuestra de cada día. No hemos amado por encima de todas las cosas. No hemos aceptado lo que no se entiende porque no queremos pasar por tontos. Hemos amontonado cosas y seguridades por no tenernos el uno al otro. No tenemos ninguna alegría que no haya sido catalogada. Hemos construido catedrales y nos hemos quedado del lado de afuera, pues las catedrales que nosotros mismos construimos tememos que sean trampas. No nos hemos entregado a nosotros mismos, pues eso sería el comienzo de una vida larga y la tememos. Hemos evitado caer de rodillas delante del primero de nosotros que por amor diga: tienes miedo. Hemos organizado asociaciones y clubs sonrientes donde se sirve con o sin soda. Hemos tratado de salvarnos, pero sin usar la palabra salvación para no avergonzarnos de ser inocentes. No hemos usado la palabra amor para no tener que reconocer su contextura de odio, de amor, de celos y de tantos otros opuestos. Hemos mantenido en secreto nuestra muerte para hacer posible nuestra vida. Muchos de nosotros hacen arte por no saber cómo es la otra cosa. Hemos disfrazado con falso amor nuestra indiferencia, sabiendo que nuestra indiferencia es angustia disfrazada. Hemos disfrazado con el pequeño miedo el gran miedo mayor y por eso nunca hablamos de lo que realmente importa. Hablar de lo que realmente importa es considerado una indiscreción. No hemos adorado por tener la sensata mezquindad de acordarnos a tiempo de los falsos dioses. No hemos sido puros e ingenuos para no reírnos de nosotros mismos y para que al fin del día podamos decir «al menos no fui tonto» y así no quedarnos perplejos antes de apagar la luz. Hemos sonreído en público de lo que no sonreiríamos cuando nos quedásemos solos. Hemos llamado debilidad a nuestro candor. Nos hemos temido uno al otro, por encima de todo. Y todo eso lo consideramos victoria nuestra de cada día.”

Clarice Lispector (1920–1977) escritora ucraniana-brasileña

Aprendizaje o El libro de los placeres

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“La alegría del alma forma los días más bellos de la vida en cualquier época que sea.”

Sócrates (-470–-399 a.C.) filósofo griego clásico ateniense

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Variante: La alegría del alma forma los días más bellos de la vida en cualquier época que sea

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“Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y se ha volado
y mi corazón está loco
porque aúlla a la muerte
y sonríe detrás del viento
a mis delirios

Qué haré con el miedo
Qué haré con el miedo

Ya no baila la luz en mi sonrisa
ni las estaciones queman palomas en mis ideas
Mis manos se han desnudado
y se han ido donde la muerte
enseña a vivir a los muertos

Señor
El aire me castiga el ser
Detrás del aire hay monstruos
que beben de mi sangre

Es el desastre
Es la hora del vacío no vacío
Es el instante de poner cerrojo a los labios
oír a los condenados gritar
contemplar a cada uno de mis nombres
ahorcados en la nada.

Señor
Tengo veinte años
También mis ojos tienen veinte años
y sin embargo no dicen nada

Señor
He consumado mi vida en un instante
La última inocencia estalló
Ahora es nunca o jamás
o simplemente fue

¿Cómo no me suicido frente a un espejo
y desaparezco para reaparecer en el mar
donde un gran barco me esperaría
con las luces encendidas?

¿Cómo no me extraigo las venas
y hago con ellas una escala
para huir al otro lado de la noche?

El principio ha dado a luz el final
Todo continuará igual
Las sonrisas gastadas
El interés interesado
Las preguntas de piedra en piedra
Las gesticulaciones que remedan amor
Todo continuará igual

Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo
porque aún no les enseñaron
que ya es demasiado tarde

Señor
Arroja los féretros de mi sangre

Recuerdo mi niñez
cuando yo era una anciana
Las flores morían en mis manos
porque la danza salvaje de la alegría
les destruía el corazón

Recuerdo las negras mañanas de sol
cuando era niña
es decir ayer
es decir hace siglos

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y ha devorado mis esperanzas

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
Qué haré con el miedo”

Alejandra Pizarnik (1936–1972) poeta argentina

Poesía completa

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“La felicidad no es exuberante ni bulliciosa, como el placer o la alegría. Es silenciosa, tranquila, suave, es como un estado interno de satisfacción que empieza por amarse a sí mismo. Tú deberías quererte como te quiero yo y como te quieren todos los que te conocen…”

Isabel Allende (1942) escritora chilena

The Japanese Lover
Variante: Todos nacemos felices. Por el camino se nos ensucia la vida, pero podemos limpiarla. La felicidad no es exuberante ni bulliciosa, como el placer o la alegría. Es silenciosa, tranquila, suave, es un estado interno de satisfacción que empieza por amarse a sí mismo.

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“La alegría es la salsa de las cenas.”

Macbeth
Fuente: Macbeth, 3.º acto, escena IV.

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“Son muy pocos aquellos de entre nosotros que no se han despertado a veces antes del alba, o después de una de esas noches sin sueños que casi nos hacen amar la muerte, o de una de esas noches de horror y de alegría monstruosa, cuando se agitan en las cámaras del cerebro fantasmas más terribles que la misma realidad, rebosantes de esa vida intensa, inseparable de todo lo grotesco, que da al arte gótico su imperecedera vitalidad, puesto que ese arte bien parece pertenecer sobre todo a los espíritus atormentados por la enfermedad del ensueño. Poco a poco, dedos exangües surgen de detrás de las cortinas y parecen temblar. Adoptando fantásticas formas oscuras, sombras silenciosas se apoderan, reptando, de los rincones de la habitación para agazaparse allí. Fuera, se oye el agitarse de pájaros entre las hojas, o los ruidos que hacen los hombres al dirigirse al trabajo, o los suspiros y sollozos del viento que desciende de las montañas y vaga alrededor de la casa silenciosa, como si temiera despertar a los que duermen, aunque está obligado a sacar a toda costa al sueño de su cueva de color morado. Uno tras otro se alzan los velos de delicada gasa negra, las cosas recuperan poco a poco forma y color y vemos cómo la aurora vuelve a dar al mundo su prístino aspecto. Los lívidos espejos recuperan su imitación de la vida. Las velas apagadas siguen estando donde las dejamos, y a su lado descansa el libro a medio abrir que nos proponíamos estudiar, o la flor preparada que hemos lucido en el baile, o la carta que no nos hemos atrevido a leer o que hemos leído demasiadas veces. Nada nos parece que haya cambiado. De las sombras irreales de la noche renace la vida real que conocíamos. Hemos de continuar allí donde nos habíamos visto interrumpidos, y en ese momento nos domina una terrible sensación, la de la necesidad de continuar, enérgicamente, el mismo ciclo agotador de costumbres estereotipadas, o quizá, a veces, el loco deseo de que nuestras pupilas se abran una mañana a un mundo remodelado durante la noche para agradarnos, un mundo en el que las cosas poseerían formas y colores recién inventados, y serían distintas, o esconderían otros secretos, un mundo en el que el pasado tendría muy poco o ningún valor, o sobreviviría, en cualquier caso, sin forma consciente de obligación o de remordimiento, dado que incluso el recuerdo de una alegría tiene su amargura, y la memoria de un placer, su dolor.”

The Picture of Dorian Gray

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“Hay un pequeño diálogo encantador entre los dichos y parábolas del sabio taoísta Chuang-tzu, que vivió alrededor de 300 a. C. Se titula La alegría del pez:

Un día, Chuang-tzu se paseaba con su amigo Hui-tzu por el puente sobre el río Hao. Chuang-tzu dijo:
- Cuán alegremente saltan y juegan los ágiles peces! Esta es la alegría del pez.
Hui-tzu comentó:
- No eres un pez, así que ¿cómo puedes saber acerca de la alegría del pez?
Hui-tzu contestó:
- No soy tú, por lo que no puedo conocerte del todo. Pero sigue siendo cierto que no eres un pez; por tanto, está perfectamente claro que no puedes saber acerca de la alegría del pez.
Chuang-tzu dijo:
- Volvamos al punto de partida, por favor. Tú dijiste ""¿Cómo puedes saber acerca de la alegría del pez?"" Pero tú ya lo sabías y aún así preguntaste. Conozco la alegría del pez por mi propia alegría al contemplarlos desde el puente.



La conversación debe de haber sido proverbial en China, pues unos mil años más tarde, el gran poeta Po Chü-i (772-846) escribió dos breves estrofas de un comentario escéptico titulado Reflexiones junto al estanque:

En vano Chuan y Hui discutieron en el puente sobre el Hao:
Las mentes humanas no conocen necesariamente las mentes de otras criaturas
Una nutria viene atrapando peces, el pez salta:
¡Esto no es placer de peces, es sobresalto de peces!
El agua es poco profunda, los peces escasos, la garceta blanca está hambrienta:
Concentrada, los ojos muy abiertos, espera a los peces.
Desde fuera parece tranquila, pero por dentro está tensa:
Las cosas no son lo que parece, pero ¿quién lo sabría?


Lo que dice el poeta es que si él hubiera estado en el puente, habría advertido al sabio que no se fiase demasiado de su intuición. La fuerza de las convicciones subjetivas no es un salvavidas contra los errores. nunca sabemos realmente si tenemos razón, pero a veces sabemos que estábamos equivocados.


Extraído de: E. H. GOMBRICH. Temas de nuestro tiempo. Propuestas del siglo XX. Acerca del saber y del Arte.
Debate, 1997.
p. 56 - 57
(Topics of our Time)”

Topics of Our Time

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“La alegría del espíritu señala su fuerza.”

Ninon De Lenclos (1620–1705)

Fuente: [Ortega Blake] (2013), p. 143.

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“Dependeré por siempre de tu alegría que dependera siempre solo de la mía.”

Tiziano Ferro (1979) productor, cantante, cantautor italiano

De Canciones (Albumes), Nessuno È Solo (Nadie Está Solo)

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“La alegría es pena que se disimula; sobre la tierra no hay más que dolores.”

Selma Lagerlöf (1858–1940) escritora sueca

Fuente: 1904 Herr Arnes penningar (“El dinero del señor Arne”), traducida como “El Tesoro”.

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“Hay experiencias de las que la mayoría de nosotros no se atreven a hablar, porque no se ajustan a la realidad cotidiana y desafían toda explicación racional. No se trata de particulares ocurrencias externas, sino más bien de acontecimientos de nuestra vida interior, que generalmente son descartados como invenciones de la imaginación y excluidos de nuestra memoria. De repente, el punto de vista familiar de nuestro entorno se transforma de una manera extraña, deliciosa, o alarmante: se nos aparece bajo una nueva luz, adquiere un significado especial. Esta experiencia puede ser tan ligera y fugaz como un soplo de aire, o puede que se grabe profundamente en nuestras mentes.
Un encantamiento de ese tipo, que yo experimenté en la infancia, se ha mantenido muy vivo en mi memoria desde entonces. Sucedió una mañana de mayo - se me ha olvidado el año - pero todavía puedo señalar el lugar exacto donde ocurrió, en una pista forestal en Martinsberg, junto a Baden, Suiza. Mientras caminaba por los bosques verdes, llenos de cantos de pájaros e iluminados por el sol de la mañana, todo a la vez se apareció bajo una luz extrañamente clara. ¿No sería algo que yo no hubiera sido capaz de percibir antes? ¿Estaba descubriendo de repente el bosque de primavera, tal como parecía en realidad? Brillaba con el resplandor más bello, hablando al corazón, como si quisiera acompañarme en su majestuosidad. Estaba lleno de una sensación indescriptible de alegría, unidad y maravillosa seguridad.
No tengo idea de cuánto tiempo me quedé allí fascinado. Pero recuerdo la preocupación que sentí cuando el resplandor se disolvió lentamente y yo caminaba: ¿cómo podía una visión que era tan real y convincente, tan directa y profundamente sentida - como podía terminar tan pronto? ¿Y cómo podría yo hablarle a nadie sobre esto, ya que mi alegría desbordante me obligaba a hacerlo, ya que sabía que no había palabras para describir lo que había visto? Parecía extraño que yo, como un niño, hubiera visto algo tan maravilloso, algo que los adultos, obviamente, no perciben - porque yo nunca había oído hablar de ello.
Cuando todavía era un niño, viví algunos otros de estos momentos de profunda euforia en mis paseos por bosques y prados. Fueron estas experiencias las que dieron forma a las líneas principales de mi visión del mundo y me convencieron de la existencia de una realidad milagrosa, impactante, insondable, que estaba oculto a la visión cotidiana.”

Albert Hofmann (1906–2008) químico suizo
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“¡Qué superficial es la alegría ruidosa de la orgía!”

Roberto Fontanarrosa (1944–2007) Humorista gráfico y escritor argentino

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“La música da alma al universo, alas a la mente, vuelos a la imaginación, consuelo a la tristeza, y vida y alegría a todas las cosas.”

Platón (-427–-347 a.C.) filósofo griego clásico que creo la teoría de las ideas

Fuente: [Marden], Orison Swett. La alegría de vivir : El secreto de la felicidad. Editorial FV Éditions, 2016. ISBN 9791029902093.

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“La amistad duplica las alegrías y divide las angustias por la mitad.”

Francis Bacon (1561–1626) filósofo, político, abogado y escritor

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“La mucha alegría es presagio de tristeza.”

Alonso de Ercilla (1533–1594)

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