Frases sobre unico

Una colección de frases y citas sobre el tema del unico.

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„El único realista de verdad es el visionario.“

—  Federico Fellini director de cine italiano 1920 - 1993

Fuente: [Fellini] (1999), p. 137

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„La aventura será mi única razón de ser.“

—  Alexandra David-Néel exploradora famosa por su visita a Lhasa 1868 - 1969

Fuente: Carta escrita a su marido en 1911, en su viaje a Egipto.

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„Existe un gran abismo entre aquellos que, por un lado, relacionan todo con una única visión central, un sistema más o menos coherente o articulado, en términos de los que entienden, piensan y sienten, principios de organización únicos y universales - unos principios únicos, universales, organizadores en unos términos que únicamente tienen significado todo que dicen y son - y, por otro lado, aquellos que persiguen muchos fines, a menudo no relacionados e incluso contradictorios, conectados, sólo de una manera de hecho por alguna causa psicológica o fisiológica, no relacionada con ningún principio moral o estético. Esta última vida principal realiza actos y entretiene ideas que son centrífugas en lugar de centrípetas; su pensamiento se dispersa o se difunde, moviéndose a muchos niveles, aprovechando la esencia de una amplia variedad de experiencias y objetos para que estén en ellos mismos, sin que, conscientemente o inconscientemente, busquen integrarlos o excluirlos de cualquier inmutable, omnipresente, algunas veces autocontradictoria e incompleta al tiempo que fanática, visión interior militar. El primer tipo de personalidad intelectual y artística pertenece a los erizos, el segundo a los zorros.“

—  Isaiah Berlin, libro The Hedgehog and the Fox

The Hedgehog and the Fox (1953).
Original: «There exists a great chasm between those, on one side, who relate everything to a single central vision, one system, less or more coherent or articulate, in terms of they wich understand, think and feel - a single, universal, organising principles in terms of wich alone all that they are and say has significance - and, on the other side, those who pursue many ends, often unrelated and even contradictory, connected, if at all, only in de facto way for some psichological o phisiological cause, related to no moral or aehstetic principle. This last lead lives, perform act and entertain ideas that are centrifugal rather than centripetal; their thought is scattered or difused, moving on many levels, seizing upon the essence of a vast variety of expiriences and objects for their are in them-selves, without, consciously or unconsciously, seeking to fit them into, or exclude them from, any one unchanging, all-embracing, sometimes self contradictory and incomplete at the times fanatical, military inner vision. The first kind of intellectual and artistic personality belongs to the hedgehogs, the second to the foxes.»
Fuente: Berlin, Isaiah. The Hedgehog and the Fox: An Essay on Tolstoy’s View of History. Second Edition. Editor Henry Hardy. Colaborador Michael Ignatieff. Editorial Princeton University Press, 2013. ISBN 9781400846634. p. 2.

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„Las preguntas que no podemos contestar son las que más nos enseñan. Nos enseñan a pensar. Si le das a alguien una respuesta, lo único que obtiene es cierta información. Pero si le das una pregunta, él buscara sus propias respuestas.“

—  Patrick Rothfuss, libro El temor de un hombre sabio

The Wise Man's Fear
Variante: Las preguntas que no podemos contestar, son las que más nos enseñan. Nos enseñan a pensar. Si le das a alguien una respuesta, lo único que obtiene es cierta información, pero, si le das una pregunta, él buscará sus propias respuestas.

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„Al final descubrí un delgado volumen, titulado El libro de los secretos, enterrado en lo más profundo de Catálogos Muertos. Era un libro extraño: estaba organizado como un bestiario, pero escrito como un abecedario para niños. Tenía ilustraciones en que aparecían seres de cuentos de hadas como ogros, troles y resinillos. Cada entrada tenía una ilustración acompañada de un poema breve e insípido.
La entrada de los Chandrian era la única que no llevaba ilustración, por supuesto. En su lugar solo había una página vacía enmarcada con volutas decorativas. El poema no aportaba absolutamente nada:
De un sitio a otro los Chandrian van, pero nunca dejan rastro ni sabes dónde están.
Guardan sus secretos con mucho cuidado, pero nunca te arañan ni te pegan un bocado.
No montan peleas ni arman jaleos.
De hecho con nosotros son bastante buenos.
Llegan y se van, te vuelves y se han ido, como un rayo en el cielo, como un suspiro.
Pese a lo irritante que resultaba un texto tan superficial, al menos dejaba algo muy claro: para el resto de la gente, los Chandrian no eran más que cuentos de hadas infantiles. Tan irreales como los engendros o los unicornios.
Yo sabía otra cosa, por supuesto. Los había visto con mis propios ojos. Había hablado con Ceniza, el de los ojos negros. Había visto a Haliax, envuelto en un manto de sombra.
Continué mi infructuosa búsqueda. No me importaba lo que creyera el resto de la gente. Yo sabía la verdad, y no soy de los que se rinden fácilmente.“

—  Patrick Rothfuss, libro El temor de un hombre sabio

The Wise Man's Fear

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„Querido hermano: Recibo atónito tu carta y me asombro de los sanos consejos que en ella me das.
Tienes formado muy mal concepto de las fuerzas republicanas y excesivamente bueno de las monárquicas y de lo que representa el trono.
Siguiendo la monarquía en España, ya conoces el rumbo de la nación. La nobleza, que se considera casta superior, en su mayoría descendientes bastardos de otros nobles, viviendo a costa del país al amparo de la monarquía, con delegaciones regias, negocios dudosos, puestos políticos influyentes, y escarneciendo a las clases inferiores -más morales cuanto más inferiores- con sus desenfrenos de todos conocidos.
El alto clero y las congregaciones, que tienen su principal apoyo en la dinastía reinante, asfixiando las libertades públicas con sus demandas y desafueros, llevándose en forma directa o indirecta un buen trozo del presupuesto, mientras el país languidece y la incultura perdura por falta de escuelas y elementos de enseñanza, pues en los presupuestos no queda dinero para tan perentorias atenciones.
Los príncipes, infantes y demás parientes más o menos cercanos al trono, hacen truculentos negocios con el amparo que les presta el poder.
El ejército, que debiera ser servidor de la nación, hoy sólo sirve al trono y, para proteger a éste, se atreve a ametrallar al pueblo ansioso de recuperar su soberanía, atropellada y escarnecida por la dictadura borbónica.
Mientras, el ejército se apropia el oficio de verdugo de la nación, descuida su eficiencia guerrera y es tan sólo una caricatura de lo que debiera ser.
En cambio, se lleva la tercera parte de los presupuestos nacionales.
La vieja política, desacreditada, dando origen al golpe de Estado del año 23, llegó a aquel punto de descrédito, gobernando, o mejor dicho, desgobernando las clases monárquicas en cooperación con el poder moderador - por no llamarle absoluto - de ese trono que tanto defiendes.
En la monarquía no aparecen valores nuevos. Las mismas causas de antaño producirán los mismos efectos.
Tras una nueva etapa de desgobierno, funesta, desde luego, vendrá otra etapa de dictadura, que completará la labor de la dictadura anterior, terminando de ahogar todo espíritu liberal y ciudadano y convirtiéndonos en lo que son hoy algunas repúblicas americanas.
Los pocos ciudadanos que pueden, para no morir a manos reaccionarias tendrán que emigrar, perdiéndose para España los valores que ellos representan.
Los generales -incapaces- que hoy se agrupan en torno del trono para defenderlo, no llevan otras miras que evitar la llegada de un orden nuevo, en el que por su incapacidad no tendrían puesto decoroso; y para salvar su actual posición privilegiada, defienden a su señor con instinto y dote de esclavos, tratando de poner una vez más el ejército enfrente del pueblo.
Esto, que sucedió otras veces, ya no lo conseguirán, y el soldado y el oficial se pondrán al lado de aquél para ayudarle a sacudir sus yugos legendarios y hacer justicia, su justicia, la verdadera justicia, la justicia popular.
El pueblo paga al ejército y al trono para que le sirvan y no para que lo tiranicen, y cuando se cansa de pagar servidores desleales, está en su legítimo derecho a prescindir de ellos.
El trono rompió la constitución, que es el pacto que tenía con el pueblo; roto el pacto, al pueblo, sólo al pueblo, corresponde rehacerlo o elegir el régimen de gobierno que le ofrezca más sólida garantía de progreso y bienestar.
Un régimen que por evoluciones parlamentarias y no por revoluciones sangrientas consiga que no sea un mito el significado de las tres palabras "Libertad, Igualdad, Fraternidad".
Ese régimen no puede ser ya la monarquía, puesto que ha demostrado cumplidamente que sólo satisface sus egoísmos, sin importarle un ardite las necesidades del país.
El mundo en pocos años ha evolucionado rápidamente. Casi todas las naciones de Europa están hoy constituidas en repúblicas, lo están todas las de América. Los que sentimos el culto de la patria, debemos quererla republicana, única forma de que progrese y se coloque al nivel del resto de Europa, respecto al cual vamos atrasados muchos años.
Una república moderada sería la solución al actual estado de cosas.
Ella atraería a la gobernación del país a las clases privilegiadas sin espantarlas ni ponerles enfrente, como sucedería con el establecimiento de una república radical.
Los elementos más radicales la respetarían, porque verían siempre en ella la posibilidad de evolucionar hacia sus ideales, tratando de ganar puestos en los comicios con su conducta, sus programas y una adecuada propaganda.
El país se gobernaría en definitiva como quisiera y evitaríamos la llegada de una revolución que camina con pasos de gigante y que cuanto más tarde más violenta ha de ser.
Dices en tu carta con un profundo desconocimiento que las izquierdas son averiada mercancía. ¡Mercancía y bien averiada son las derechas! ¡Ya hemos visto cómo se vendían o alquilaban! Lo poco bueno que en ellas quedaban, se ha marchado a la república, por no convivir con tanto profesional de la indignidad y de la falta de decoro. Los partidos monárquicos ¡¡ésos sí que son averiada mercancía!!“

—  Francisco Franco general y dictador español 1892 - 1975

Fuente: "Autobiografía del general Franco" de Manuel Vázquez Montalbán.

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