Frases sobre calor
Una colección de frases y citas sobre el tema del calor, amor, tiempo, amor.
Frases sobre calor
Jaime Sabines (1926–1999) poeta y político mexicano
Recuento De Poemas, 1950-93
“Frío y calor, otoño o primavera, ¿dónde… dónde se encuentra la alegría?”
Rosalía de Castro (1837–1885) poetisa y novelista de España en lengua gallega y castellano
James Clerk Maxwell (1831–1879) físico escocés
Fuente: James Clerk Maxwell: Teoría del calor (1904), pág. 31
Cornelio Saavedra (1759–1829) estadista y militar argentino
Entonces me pusieron en las manos la proclama de aquel día. Luego que la leí, les dije: "Señores, ahora digo que no es sólo tiempo, sino que no se debe perder una sola hora"».
Fuente: Memoria Autógrafa. Buenos Aires: Eudeba, 1968.
Filippo Tommaso Marinetti (1876–1944) poeta y editor
Fuente: "Manifiesto técnico de la literatura futurista", 11 de mayo de 1912.
Patrick Rothfuss libro El nombre del viento
The Name of the Wind
Variante: Si miramos el fuego es porque parpadea, porque resplandece. Lo que atrae nuestra mirada es la luz, pero lo que hace que un hombre se acerque al fuego no tiene nada que ver con su resplandor. Lo que te atrae del fuego es el calor que sientes cuando te acercas a él. Con Denna pasaba lo mismo.
Josefina Vicens libro El libro vacío
El libro vacío
“La que ayer fue capullo, es rosa ya,
y pronto agostará rosas y plantas
el calor estival.”
Rosalía de Castro libro En las orillas del Sar
Fuente: En las orillas del Sar ("Adivínase el dulce y perfumado").
James Prescott Joule (1818–1889) físico inglés
Fuente: James Prescott Joule: On Matter, Living Force, and Heat (1847). En The Scientific Papers of James Prescott Joule (1884), Vol. 1, 270-1. Joule emplea el término fuerza viva para referirse a lo que hoy se llama trabajo.
“Lo dejó como pollo rostizado, en el calor y dando vueltas.”
Alfonso Lanzagorta (1971) abogado mexicano
Marcela Serrano libro Lo que está en mi corazón
Lo que está en mi corazón
Victoria Ocampo (1890–1979) escritora argentina
Carta con la explicación que Victoria Ocampo envió a los escritores que intercedieron por ella pidiendo su liberación, tras ser ingresada en prisión sin juicio.
“Fe es la virtud que nos hace sentir el calor del hogar mientras cortamos la leña.”
Miguel de Cervantes (1547–1616) escritor español
Fuente:[Sin fuentes]
Fuente: [Alberca], Fernando. De Newton a Apple. Ediciones Toromítico, 2013. ISBN 9788415943082.
“Aquello que sale del corazón, lleva el matiz y el calor de su lugar de origen.”
Oliver Wendell Holmes (1809–1894) médico y poeta estadounidense
Variante: Aquello que sale del corazón, lleva el matiz y el calor de su lugar de origen.
Samuel Johnson (1709–1784) Ensayista y poeta inglés
The Idler, nº 11 (24 de junio de 1758). <br class="br">Fuente: En gutenberg.org http://www.gutenberg.org/etext/12050
“La salud es la justa medida entre el calor y el frío.”
Aristoteles (-384–-321 a.C.) filósofo griego clásico
Félix Lope de Vega y Carpio libro La Dorotea
La Dorotea <br class="br">Fuente: Página 25. https://books.google.es/books?id=V4CnjqigCgQC&pg=PA25&dq=El+vino,+mientras+m%C3%A1s+se+envejece,+m%C3%A1s+calor+tiene:+al+contrario+de+nuestra+naturaleza,+que+mientras+m%C3%A1s+vive,+m%C3%A1s+se+va+enfriando&hl=es&sa=X&ved=0ahUKEwiEsN2rnJPfAhXNyIUKHVDID0YQ6AEIRjAF#v=onepage&q=El%20vino%2C%20mientras%20m%C3%A1s%20se%20envejece%2C%20m%C3%A1s%20calor%20tiene%3A%20al%20contrario%20de%20nuestra%20naturaleza%2C%20que%20mientras%20m%C3%A1s%20vive%2C%20m%C3%A1s%20se%20va%20enfriando&f=false
“Siento el calor cuando mis dedos le ganan a otro botón.”
Alejandro Sanz (1968) cantautor y músico español
Pero esta tarde no te vas)
“Con esos besos que ni frio, ni calor, pero si son de tu boca… también los quiero yo”
Alejandro Sanz (1968) cantautor y músico español
Quisiera ser)
Jacques-Yves Cousteau (1910–1997) navegador francés, explorador de mar,científico, fotógrafo e innovador
Luis Alberto Spinetta (1950–2012) Músico argentino
Citas de canciones por banda, Spinetta y Los Socios del Desierto
Emanuel Swedenborg (1688–1772) Científico y teólogo sueco del siglo XVIII
La Verdadera Religión Cristiana, Nro. 58
“Tu risa me da risa, tu calor me da valor, dame otro beso de licor… cuando tu me hablas.”
Manu Chao (1961) Músico, cantante y productor francoespañol
Sin fuentes
Versos de canciones
Benjamín Solari Parravicini (1898–1974) artista argentino
En 1960
Benjamín Solari Parravicini (1898–1974) artista argentino
En 1960
Manuel Vicent (1936) escritor español
Manuel Vicent (1936) escritor español
Fuente: [Vicent], Manuel. «La columna.» 11 de mayo 1997. https://elpais.com/diario/1997/05/11/ultima/863301602_850215.html El País. Consultado el 13 de noviembre de 2019.
Manuel Vicent (1936) escritor español
Fuente: [Vicent], Manuel. «Tabú.» https://elpais.com/diario/1995/05/07/ultima/799797601_850215.html El País. Consultado el 13 de noviembre de 2019.
Amaia Montero (1976) Cantautora española
Amaia Montero, Pablo Benegas y Xabi SanMartin, "La esperanza debida"
Lo que te conté mientras te hacías la dormida
Robert Walser libro Jakob von Gunten
Jakob von Gunten
Variante: La verdad es que nunca he sido niño y por eso estoy convencido de que en mi quedará siempre un componente infantil. He crecido en edad y estatura, pero la esencia no ha variado. Hacer mataperradas me produce exactamente el mismo placer que hace años, aunque en realidad nunca llegué a hacer mataperradas. Una vez, de pequeño, le hice a mi hermano un agujero en la cabeza, pero aquello fue un incidente, no una mataperrada. Cierto es que he cometido miles de diabluras y chiquilladas, pero la idea me interesaba siempre más que la cosa en sí. Desde muy temprano fui descubriendo en todo, incluso en las mataperradas, un sentido profundo. No me he desarrollado. Esto, naturalmente, es sólo una idea mía. Tal vez nunca llegue a echar ramas ni hojas. De mi esencia y mis orígenes emanará algún día quién sabe qué perfume, me convertiré en flor y exhalaré un ligero aroma, como para mi propio placer, y luego inclinaré la cabeza, esa que Kraus denomina cabezota necia y presuntuosa. Mis brazos y mis piernas se irán debilitando extrañamente, mi espíritu, mi orgullo, mi carácter, todo, todo se quebrará y marchitará, y yo estaré muerto; bueno, no exactamente, muerto sólo en cierto modo, y ta}l vez siga viviendo y vegetando así durante sesenta años. Me haré viejo. Pero no me tengo ni me infundo miedo a mí mismo. Tampoco siento el menor respeto por mi Yo, me limito a mirarlo y él me deja totalmente frío. ¡Oh, entrar en calor! ¡Qué maravilla! Siempre seré capaz de entrar en calor, pues nada personal ni egoísta me impedirá jamás interesarme, apasionarme o ser partícipe. ¡Qué feliz soy de no poder descubrir nada digno de consideración o estima en mi persona! Ser humilde y seguir siéndolo. Y si alguna mano, una circunstancia, una ola me levantasen y llevasen hasta las alturas donde imperan el poder y la influencia, yo mismo destrozaría las circunstancias que me hubieran favorecido y me arrojaría a las tinieblas de lo bajo e insignificante. Sólo puedo respirar en las regiones inferiores.
Laura Esquivel libro Como pija para chocolate
Like Water for Chocolate
Variante: Mi abuela tenía una teoría muy interesante, decía que si bien todos nacemos con una caja de cerillos en nuestro interior, no los podemos encender solos, necesitamos, como en el experimento, oxígeno y la ayuda de una vela. Sólo que en este caso el oxígeno tiene que provenir, por ejemplo, del aliento de la persona amada; la vela puede ser cualquier tipo de alimento, música, caricia, palabra o sonido que haga disparar el detonador y así encender uno de los cerillos. Por un momento nos sentiremos deslumbrados por una intensa emoción. Se producirá en nuestro interior un agradable calor que irá desapareciendo poco a poco conforme pase el tiempo, hasta que venga una nueva explosión a reavivarlo. Cada persona tiene que descubrir cuáles son sus detonadores para poder vivir, pues la combustión que se produce al encenderse uno de ellos es lo que nutre de energía el alma. En otras palabras, esta combustión es su alimento. Si uno no descubre a tiempo cuáles son sus propios detonadores, la caja de cerillos se humedece y ya nunca podremos encender un solo fósforo. Claro que también hay que poner mucho cuidado en ir encendiendo los cerillos uno a uno. Porque si por una emoción muy fuerte se llegan a encender todos de un solo golpe producen un resplandor tan fuerte que ilumina más allá de lo que podemos ver normalmente y entonces ante nuestros ojos aparece un túnel esplendoroso que nos muestra el camino que olvidamos al momento de nacer y que nos llama a reencontrar nuestro perdido origen divino. El alma desea reintegrarse al lugar de donde proviene, dejando al cuerpo inerte...
Antonio Machado (1875–1939) poeta español
Variante: Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusiòn!,
que una fontana fluía
dentro de mi corazòn.
Di: ¿por qué acequia escondida,
agua, vienes hasta mí,
manantial de nueva vida
en donde nunca bebí?
Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusiòn!,
que una colmena tenía
dentro de mi corazòn;
y las doradas abejas
iban fabricando en él,
con las amarguras viejas,
blanca cera y dulce miel.
Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusiòn!,
que un sol ardiente lucía
dentro de mi corazòn.
Era ardiente porque daba
calores de rojo hogar,
y era sol porque alumbraba
y porque hacía llorar.
Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusiòn!,
que era Dios lo que tenía
dentro de mi corazòn.
Gloria Fuertes (1917–1998) poetisa española
Variante: Don Libro está helado
Estaba el señor don Libro
sentadito en su sillón,
con un ojo pasaba la hoja
con el otro ve televisión.
Estaba el señor don Libro
aburrido en su sillón,
esperando a que viniera...(a leerlo)
algún pequeño lector.
Don Libro era un tío sabio,
que sabía de Luna y de Sol,
que sabía de tierras y mares,
de historias y aves,
de peces de todo color.
Estaba el señor don Libro,
tiritando de frío en su sillón,
vino un niño, lo cogió en sus manos
y el libro entró en calor.
Íngrid Betancourt (1961) política Colombiana
Even Silence Has an End: My Six Years of Captivity in the Colombian Jungle
Gabriel García Márquez (1927–2014) modelo de bigotes
Variante: Cayetano tomó la mano de Sierva María y la puso sobre su corazón. Ella sintió dentro el fragor de su tormenta.
<>, dijo él.
Y sin darle tiempo al pánico se liberó de la materia turbia que le impedía vivir. Le confesó que no tenía un instante sin pensar en ella, que cuanto comía y bebía tenía el sabor de ella, que la vida era ella a toda hora y en todas partes, como sólo Dios tenía el derecho y el poder de serlo, y que el gozo supremo de su corazón sería morirse con ella. Siguió hablándole sin mirarla, con la misma fluidez, y el calor con que recitaba, hasta tuvo la impresión de que Sierva María, se había dormido. Pero estaba despierta, fijos en él sus ojos de cierva azorada. Apenas se atrevió a preguntar:
<<¿Y ahora?>>
<>, dijo él. <>.
Stephen King libro Cujo
Cujo
Variante: Por un instante, contemplando aquellos ojos enloquecidos, una especie de angustioso horror se apoderó de él y pensó: Hola, Frank. Eres tú ¿verdad?. ¿Hacía demasiado calor en el infierno?
Dan Simmons (1948) escritor estadounidense
Josefina Vicens (1911–1988) escritora mexicana
El libro vacío / Los años falsos
Patrick Rothfuss libro El nombre del viento
The Name of the Wind
Variante: Estuviera donde estuviese, siempre era el centro de todas las miradas.— Kvothe frunció el ceño—. No me interpretéis mal. No quiero decir que fuera llamativa, ni vanidosa. Si miramos el fuego es porque parpadea, porque resplandece. Lo que atrae nuestra mirada es la luz, pero lo que hace que un hombre se acerque al fuego no tiene nada que ver con su resplandor. Lo que te atrae del fuego es el calor que sientes cuando te acercas a él.
Edward Rutherfurd (1948) escritor británico
París
Diane Setterfield libro El cuento número trece
The Thirteenth Tale
Juan Rulfo libro Pedro Páramo
Pedro Páramo
Variante: Hace calof aquí- dije.
-Si, y esto no es nada- me contestó el otro.
Cálmese.
Ya lo sentirá mas fuerte cuando lleguemos a Comala. Aquello está sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del infierno.
Con decirle que muchos de los que allí se mueren, al llegar al infierno regresan por su cobija.