Frases sobre la hierba

Una colección de frases y citas sobre el tema del hierba, vida, árbol, vida.

Mejores frases sobre la hierba

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„No dejes crecer la hierba en el camino de la amistad.“

—  Sócrates filósofo griego clásico ateniense -470 - -399 a.C.

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„No dejes crecer la hierba en el camino de la amistad.“

—  Platón filósofo griego clásico que creo la teoría de las ideas -427 - -347 a.C.

Fuente: [Percy], Allan. Platón para soñadores (Genios para la vida cotidiana): Cápsulas de filosofía cotidiana para hacer realidad tus mejores ideas. Penguin Random House Grupo Editorial España, 2017. ISBN 9788466337526.

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„Si Motörhead se muda a tu vecindario, no crecerá más hierba en tu jardín.“

—  Lemmy Kilmister músico, compositor y cantante británico 1945 - 2015

Dichas por Lemmy

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„Cada mata de hierbas esconde un enemigo.“

—  Léopold Sédar Senghor personalidad política francesa 1906 - 2001

Fuente: "Teddungal" (poema)

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„Cuanto más larga es la hierba, mejor se corta de arriba hacia abajo.“

—  Atila rey de los pankekes de 434 a 453 406 - 453

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Verificadas

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„Arranqué las malas hierbas, mas guardé las flores.“

—  Kelly Clarkson actriz estadounidense 1982

Fuente: Canción "Sober", de My December.

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„Pero si pudiera hacerme unos pantalones con la hierba de este jardín lo haría“

—  Elizabeth Gilbert escritora estadounidense 1969

Eat, Pray, Love

Todas frases sobre la hierba

Un total de 83 citas hierba, filtro:

José Martí Foto

„El amor, madre, a la patria, no es el amor ridículo a la tierra, ni a la hierba que pisan nuestras plantas.“

—  José Martí escritor y político cubano, precursor de la independencia de su país 1853 - 1895

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„El caracol pregunta: "¿Pero qué son las estrellas?" "Son luces que llevamos sobre nuestra cabeza". "Nosotras no las vemos", las hormigas comentan. Y el caracol: "Mi vista sólo alcanza a las hierbas.“

—  Federico García Lorca poeta, dramaturgo y prosista español 1898 - 1936

Obras Completas de Federico García Lorca: Biblioteca de Grandes Escritores

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„El sufrir es muy largo y no puede dividirse por los estaciones del año. Sólo nos es posible señalar su presencia y advertir su retorno. Para nosotros el tiempo no avanza: gira. Parece formar un círculo alrededor de este eje: el dolor. La paralizadora inmovilidad de una vida regulada, hasta en sus más ínfimos detalles, por una rutina inmutable, de suerte que conforme, bebemos, nos paseamos, dormimos y rezamos – o por lo menos, nos arrodillamos para rezar – conforme a los inflexibles dictados de un reglamento de hierro; esa inmovilidad que hace que cada día sea, con todos sus horrores, y hasta en sus más pequeños detalles, idéntico a sus hermanos, parece comunicarse a aquellas fuerzas exteriores, cuya existencia es una perpetua variación. Nada sabemos de la siembra ni de las cosechas, de los segadores doblados sobre las espigas o de los vendimiadores deslizándose entre las vides; de la hierba del jardín, ornada con el blanco manto de las flores caídas, sobre la cual se hallan esparcidos los frutos maduros. Nada sabemos, nada podemos saber.

Para nosotros sólo hay una estación, la del dolor. Parece incluso como si nos hubieran arrebatado hasta el sol y la luna. Fuera podrá brillar el día con tonos azulados o dorados, pero la luz que se filtra por el espeso cristal del ventanillo con barrotes de hierro bajo el cual nos hallamos sentados, es mísera y mortecina. En nuestra celda vecina reina constantemente la penumbra, y la noche invade siempre nuestro corazón. Y todo movimiento se detiene, igual que en el girar del tiempo, en la esfera del pensamiento.“

—  Oscar Wilde, libro De profundis

De Profundis

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„Pongámonos de acuerdo en qué es la igualdad, pues si la libertad es la cima, la igualdad es la base. La igualdad, ciudadanos, no es que toda la vegetación esté enrasada, una sociedad de hierbas largas y de robles bajos; un vecindario de envidias que se castren entre sí; es, en el ámbito civil, que todas las aptitudes tengan las mismas oportunidades; en el ámbito político, es que todos los votos valgan lo mismo; en el ámbito religioso, es que todas las conciencias tengan los mismos derechos. La Igualdad tiene un órgano: la instrucción gratuita y obligatoria. El derecho al alfabeto, por ahí es por donde hay que empezar. La escuela primaria obligatoria para todos; la escuela secundaria brindada a todos, ésa es la ley. De la escuela idéntica sale la sociedad igual. ¡La enseñanza, sí! ¡Luz! ¡Luz! Todo viene de la luz y todo va a la luz. Ciudadanos, el siglo XIX es grande, pero el siglo XX será feliz. Y ya no pasará nada que tenga que ver con la historia vieja; no tendremos ya que temer, como ahora, una conquista, una invasión, una usurpación, una rivalidad a mano armada de naciones, una interrupción de la civilización que dependa de un matrimonio de reyes, de un nacimiento en el seno de las tiranías hereditarias, de un reparto de pueblos obra de un congreso, de un desmembramiento porque se hunda una dinastía, de un combate entre dos religiones que choquen de frente como dos carneros del reino de la oscuridad, en el puente de lo infinito; no tendremos ya que temer la hambruna, ni la explotación, ni la prostitución fruto de la desesperación ni el desvalimiento, ni la miseria fruto del paro, ni el patíbulo, ni la espada, ni las batallas, ni todos los robos de salteador del azar en el bosque de los acontecimientos. Casi podríamos decir que ya no habrá acontecimientos. Los hombres serán felices. El género humano cumplirá su ley como cumple la suya el globo terrestre; se restablecerá la armonía entre el alma y el astro; el alma gravitará en torno a la verdad igual que el astro en torno a la luz.“

—  Victor Hugo, libro Los miserables

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„Amigos míos, retened esto: no hay malas hierbas ni hombres malos. No hay más que malos cultivadores.“

—  Victor Hugo poeta, novelista y dramaturgo francés 1802 - 1885

Fuente: [Sarmiento], J. M. Mil y un frases célebres. Editorial Planet House Editorials, 2016.

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„El Sevilla tiene 5 campos de hierba natural, 2 de césped artificial y no tiene 2 jardineros, sino 10 ó 12, que se dedican exclusivamente al Sevilla y, si tienen que venir un día de fiesta, vienen; y, si tienen que estar a las ocho de la mañana, están. Es lo que tienen los equipos grandes y por eso están donde están.“

—  David Prieto futbolista español 1983

Después de un entrenamiento que realizó con el Xerez CD en un campo de hierba artificial debido a las malas condiciones de Chapín.
Fuente: Xerezmanía (07-01-10), « “El Sevilla tiene 5 campos de hierba natural, 2 de césped artificial y 10 jardineros” http://xerezmania.masjerez.com/xerezmania/2010/01/07/1262822397.html», en xerezcd.com.

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„No son las malas hierbas las que ahogan la buena semilla, sino la negligencia del campesino.“

—  Confucio filósofo chino -551 - -479 a.C.

Citas sin referencias

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„Bajé por espacio y aires
y mas aires, descendiendo,
sin llamado y con llamada
por la fuerza del deseo,
y a más que yo caminaba
era el descender más recto
y era mi gozo más vivo
y mi adivinar más cierto,
y arribo como la flecha
éste mi segundo cuerpo
en el punto en que comienzan
Patria y Madre que me dieron.

¡Tan feliz que hace la marcha!
Me ataranta lo que veo,
lo que miro o adivino,
lo que busco y lo que encuentro;
pero como fui tan otra
y tan mudada regreso,
con temor ensayo rutas,
peñascales y repechos,
el nuevo y largo respiro,
los rumores y los ecos.
O fue loca mi partida
o es loco ahora el regreso;
pero ya los pies tocaron
bajíos, cuestas, senderos,
gracia tímida de hierbas
y unos céspedes tan tiernos
que no quisiera doblarlos
ni rematar este sueño
de ir sin forma caminando
la dulce parcela, el reino
que me tuvo sesenta años
y me habita como un eco (…)“

—  Gabriela Mistral poeta, diplomática, feminista y pedagoga chilena, lucila de maria del perpetuo godoy alcayaga 1889 - 1957

Poema de Chile
Variante: Bajé por espacio y aires
y mas aires, descendiendo,
sin llamado y con llamada
por la fuerza del deseo,
y a más que yo caminaba
era el descender más recto
y era mi gozo más vivo
y mi adivinar más cierto,
y arribo como la flecha
éste mi segundo cuerpo
en el punto en que comienzan
Patria y Madre que me dieron.

¡Tan feliz que hace la marcha!
Me ataranta lo que veo,
lo que miro o adivino,
lo que busco y lo que encuentro;
pero como fui tan otra
y tan mudada regreso,
con temor ensayo rutas,
peñascales y repechos,
el nuevo y largo respiro,
los rumores y los ecos.
O fue loca mi partida
o es loco ahora el regreso;
pero ya los pies tocaron
bajíos, cuestas, senderos,
gracia tímida de hierbas
y unos céspedes tan tiernos
que no quisiera doblarlos
ni rematar este sueño
de ir sin forma caminando
la dulce parcela, el reino
que me tuvo sesenta años
y me habita como un eco.

Voy en delgadez de niebla
pero sin embargo llevo
las facciones de mi cara,
lo quebrantado del peso,
intacta la voluntad
pero el rostro medio ciego
y respondo por mi nombre
aunque ya no sea aquéllo.

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„La mala hierba no muere tan fácilmente.

Del odio al amor“

—  Connie Brockway escritora estadounidense 1954

My Dearest Enemy
Variante: La mala hierba no muere tan fácilmente.

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„En ese preciso momento el camino se abría y con una exclamación Lucy se encontró fuera del bosque. Luz y belleza la envolvía. Había ido a dar a una pequeña terraza que estaba cubierta de violetas de un extremo a otro.
- ¡Valor! -exclamó su compañero, erguido a unos seis pies de altura respecto a ella-. Valor y amor.
Ella no respondió. A sus pies el suelo se cortaba bruscamente dando paso a la panorámica. Violetas que se agrupaban alrededor de arroyos y corrientes y cascadas, regando la vertiente de la colina de azul, arremolinándose alrededor de los troncos de los árboles, formando lagunas en los agujeros, cubriendo la hierba con manchas de espuma azulada. Jamás volvería a haberlas en tal profusión. La terraza era el principio de lo bello, la fuente original donde la belleza hacía brotar agua que iba a la tierra.
De pie en el margen, como un nadador que se prepara, estaba el buen hombre. Pero no era el buen hombre que ella había pensado, y estaba solo.
George se había vuelto al oír su llegada. Por un momento la contempló, como si fuera alguien que bajaba de los cielos. Vio la radiante alegría en su cara, las flores que batían su vestido en olas azuladas. Los arbustos que la encerraban por encima. Subió rápidamente hasta donde estaba ella y la besó.
Antes de que ella pudiera decir algo, casi antes de que pudiera sentir nada, una voz llamó: ¡Lucy!, ¡Lucy!, ¡Lucy!. La señorita Bartlett, que era una mancha oscura en la panorámica, había roto el silencio de la vida.“

—  E.M. Forster, libro A Room with a View

A Room with a View

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„Pero ¿no te das cuenta de que la noción de la muerte entre nosotros es muy poca cosa, Claire? —susurró.

Mis manos se cerraron contra su pecho. No, no pensaba que fuera poca cosa.

—Todo el tiempo, cuando me dejaste después de Culloden, estuve muerto, ¿no es así?

—Creí que estabas muerto. Por eso…

—Dentro de doscientos años seguro que estaré muerto, Sassenach —dijo sonriendo—. A causa de los indios, los animales salvajes, una plaga, la cuerda de la horca o sólo por la bendición de una edad avanzada, pero estaré muerto.

—Sí.

—Y mientras tú estabas allí, en tu propio tiempo… yo estaba muerto, ¿no?

Asentí sin palabras. Incluso ahora puedo mirar hacia atrás y ver el abismo de desesperación en el que aquella partida me sumió y del que salí trepando penosamente centímetro a centímetro.

—«El hombre es como la hierba del campo —citó, frotando mis manos—. Hoy florece; mañana se seca y se tira al horno.»

Levantó el penacho verde y se lo llevó a los labios, para luego pasarlo por mi boca.

—Estaba muerto, Sassenach, y sin embargo todo ese tiempo te amé.

Cerré los ojos sintiendo la leve picazón de la hierba en mis labios.

—Yo también te amaba —susurré—. Siempre lo hice.

—Mientras mi cuerpo y el tuyo vivan, seremos una sola carne —susurró.

Sus dedos me tocaron el pelo, la barbilla, el cuello y los pechos; respiré su aliento y lo sentí en mis manos.

—Y cuando mi cuerpo perezca, mi alma todavía será tuya, Claire. Juro por mi esperanza de ganarme el cielo que no seré separado de ti. Nada se pierde, Sassenach; sólo se transforma.

—Eso es la primera ley de la termodinámica —dije secándome la nariz.

—No —respondió—. Eso es fe.“

—  Diana Gabaldon, libro Drums of Autumn

Drums of Autumn

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„Cuando el que viaja por el norte de la región central de Massachusetts se equivoca de dirección al llegar al cruce de la carretera de Aylesbury nada más pasar Dean’s Corners, verá que se adentra en una extraña y apenas poblada comarca. El terreno se hace más escarpado y las paredes de piedra cubiertas de maleza van encajonando cada vez más el sinuoso camino de tierra. Los árboles de los bosques son allí de unas dimensiones excesivamente grandes, y la maleza, las zarzas y la hierba alcanzan una frondosidad rara vez vista en las regiones habitadas. Por el contrario, los campos cultivados son muy escasos y áridos, mientras que las pocas casas diseminadas a lo largo del camino presentan un sorprendente aspecto uniforme de decrepitud, suciedad y ruina. Sin saber exactamente por qué, uno no se atreve a preguntar nada a las arrugadas y solitarias figuras que, de cuando en cuando, se ve escrutar desde puertas medio derruidas o desde pendientes y rocosos prados. Esas gentes son tan silenciosas y hurañas que uno tiene la impresión de verse frente a un recóndito enigma del que más vale no intentar averiguar nada. Y ese sentimiento de extraño desasosiego se recrudece cuando, desde un alto del camino, se divisan las montañas que se alzan por encima de los tupidos bosques que cubren la comarca. Las cumbres tienen una forma demasiado ovalada y simétrica como para pensar en una naturaleza apacible y normal, y a veces pueden verse recortados con singular nitidez contra el cielo unos extraños círculos formados por altas columnas de piedra que coronan la mayoría de las cimas montañosas.“

—  Howard Phillips Lovecraft, The Dunwich Horror and Others

The Dunwich Horror and Others

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„Por entonces había muchas serpientes en la aldea. Desde el bosque atravesaban el río hasta los campos, de los campos pasaban a los huertos, de los huertos a los patios y de los patios a las casas. Allí se ovillaban de día tras las escaleras, y de noche se bebían la leche fría de los cubos.

Las mujeres llevaban consigo a sus hijos pequeños cuando salían a trabajar al patio o al huerto. Los metían en canastas de mimbre, entre mantas, y dejaban las canastas a la sombra de los árboles. Arrancaban manojos de hierba de los bancales con raíz y terrón incluidos. Tomaban aliento, volvían a escardar y sudaban.

Ella vivía a la orilla del pueblo. Aquel día estaba en el huerto y había dejado al niño en la canasta de mimbre, bajo el árbol. Junto a la canasta había una botella de leche. Estaba escardando la hierba del bancal de patatas. Olía a sudor. De pronto miró hacia el sol, puso a un lado el azadón y se dirigió al árbol.

La mirada se le vació, la ropa se le pegó a la piel. Se quedó paralizada. Levantó bruscamente al niño, sollozó y gritó, y mientras se tambaleaba sobre la hierba, la serpiente salió de la canasta arrastrándose lenta y perezosa por el suelo, y la mujer encaneció en cuestión de segundos.

En el huerto se quedaron el azadón y la canasta de mimbre bajo el árbol. La serpiente se había bebido la leche de la botella.

El pelo le quedó blanco a la mujer y la gente del pueblo tuvo por fin la prueba de que era una bruja.“

—  Herta Müller, libro En tierras bajas

En tierras bajas

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„Los médicos pueden enterrar sus fallos, pero un arquitecto sólo puede aconsejar a su cliente plantar hierba.“

—  George Sand escritora francesa 1804 - 1876

Fuente: [Ortega Blake] (2013), p. 2612.

„Yo te enseñaré un hechizo amatorio, sin drogas, sin hierbas, sin ensalmo de brujas: si quieres ser amado, ama.“

—  Hecato de Rodas

Citado por Séneca en su obra Cartas de Séneca a Lucilio, Carta IX

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„Por consiguiente, no solo tenemos que vigilar a los poetas y obligarles o a representar en sus obras modelos de buen carácter o a no divulgarlas entre nosotros, sino que también hay que ejercer inspección sobre los demás artistas e impedirles que copien la maldad, intemperancia, vileza o fealdad en sus imitaciones de seres vivos o en las edificaciones o en cualquier otro objeto de su arte; y al que no sea capaz de ello no se le dejará producir entre nosotros, para que no crezcan nuestros guardianes rodeados de imágenes del vicio, alimentándose, por así decirlo, de este modo con una mala hierba que recogieran y pacieran día tras día, en pequeñas cantidades, pero tomadas estas de muchos lugares distintos, con lo cual introducirían, sin darse plena cuenta de ello, una enorme fuente de corrupción en sus almas. Hay que buscar, en cambio, a aquellos artistas cuyas dotes naturales les guían al encuentro de todo lo bello y agraciado; de este modo, los jóvenes vivirán como en un lugar sano donde no desperdiciarán ni un solo de los efluvios de la belleza que, procedentes de todas partes, lleguen a sus ojos y oídos, como si les aportara de lugares saludables un aura vivificadora que les indujera desde su niñez a imitar, obrar y amar de acuerdo con la idea de belleza. ¿No es así?“

—  Platón, La República

Los personajes debaten en este diálogo sobre la educación de los niños.
Fuente: La República, Los límites del estado.

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„Si no necesitas trabajar para comer, necesitarás trabajar para tener salud. Ama el trabajo y no dejes que nazca la mala hierba de la ociosidad.“

—  William Penn 1644 - 1718

Fuente: Amate Pou, Jordi. Paseando por una parte de la Historia: Antología de citas. Editorial Penguin Random House Grupo Editorial España, 2017. ISBN 9788417321871. p. 117.

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„Lo más agradable es dedicarme a esta profesión. Sólo con pisar un campo me encandila, el olor a hierba.“

—  Luis Aragonés futbolista y entrenador español 1938 - 2014

Fuente: Muere Luis Aragonés: las 40 mejores frases de 'El sabio de Hortaleza' http://noticias.lainformacion.com/deporte/futbol/muere-luis-aragones-las-40-mejores-frases-de-el-sabio-de-hortaleza_t6af6i6LW2C7uc5uCl7FB/. Lainformacion.com, 1 de febrero de 2014.

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„Para mí, una alfombra exuberante de agujas de pino o hierba esponjosa es más bienvenida que la alfombra persa más lujosa.“

—  Helen Keller escritora, oradora y activista política sordociega estadounidense y teosofia 1880 - 1968